Las estrategias de los lavadores de dinero ilícito están en la mira de investigadores de agencias nacionales y multilaterales. Uno de ellos cuenta las modalidades más comunes que usan los grupos al margen de la ley para legalizar sus millonarias fortunas.
"Las burbujas inmobiliarias son un problema que, a mediano plazo, afecta a toda la comunidad que reside o usa el bien y, muchas veces, los compradores de buena fe no son conscientes de eso", explica Juan Pérez*.
Además de alertar sobre el problema que genera comprar o vender bienes a personas de dudosa o desconocida procedencia, Pérez hace un análisis de las crisis que pueden afrontar las familias que, por desconocimiento, terminan enredadas en los negocios donde también participan delincuentes.
"Los precios de los inmuebles se alteran hasta el punto de que, prácticamente, sólo los 'narcos' o 'paracos' tienen la capacidad adquisitiva para comprar. Sin embargo, algunas familias reúnen sus ahorros o venden otros bienes para invertir en lujosos condominios para mejorar su estatus", explica.
Agrega que cuando se rompe la burbuja, se dan cuenta de que pagaron por los bienes más de lo que realmente valían, además de encontrar que casi todos los vecinos son extraditables.
"El problema grande llega cuando el Estado hace extinción del dominio y remata los bienes a cualquier precio. El edificio que inicialmente era exclusivo y dotado de múltiples zonas recreativas resulta casi en ruinas ante la falta de pagos de cuotas de administración y ocupado o invadido por gente de varios estratos.
Entonces, la familia no tiene otra opción que vender el inmueble que le costó una fortuna por un valor irrisorio solo para poder salir del entorno que les tocó vivir", concluye.
Especulación en la compraventa, la opción más usada
Los sectores de alta valorización son los sitios preferidos de los compradores ficticios. Por ejemplo, en una notaría protocolizan la escritura de compraventa de un edificio -en regular estado físico- pactada en mil millones de pesos y pagan con un cheque personal.
Al poco tiempo, el comprador vuelve a la notaría para vender el mismo edificio pero por 2.500 millones y justifica el incremento con la remodelación y la valorización. El negocio se paga con un cheque y aparenta ser legal.
Lo que sucede en realidad es que el comprador inicial, en complicidad con el propietario del edificio, conviene en realizar la compraventa del inmueble por 1.500 millones de pesos y declarar como valor de venta lo acordado en el documento, es decir, 1.000 millones cancelados con un cheque y el saldo (500 millones de pesos) lo paga en en efectivo.
El nuevo propietario inicia la remodelación del edificio tasándola en 1.000 millones pues, gracias a la complicidad o aprovechando el desconocimiento de los dueños de depósitos de materiales para construcción, subfactura el valor de los insumos y cancela en cheque.
De igual forma, convence o engaña a los obreros pagándoles en cheques por valores superiores a los valores reales de los contratos.
Así, el comprador aparentemente honrado logra lavar activos ilícitos por 2.000 millones de pesos: 1.500 millones en la diferencia del valor de compra y reventa del inmueble y otros 500 millones en la sobrefacturación del trabajo de los obreros y la subfacturación de los materiales de construcción.
Al registrar la venta por 1.000 millones de pesos -cuando en realidad fue por 1.500- el Estado ha dejado de percibir impuestos sobre quinientos millones de pesos.
Según el Fondo Monetario Internacional, se 'lavan' anualmente en el mundo 1.5 billones de dólares. Una cifra equivalente al valor de la producción total de una economía del tamaño de España.