Y es que además de decorativo, el color se ha convertido en parte esencial de la sicología de las personas, sobre todo de los niños, al punto que existen tonos estudiados por científicos que permiten mejorar el desarrollo de los pequeños, generar más tranquilidad, y –por supuesto– crear ambientes propicios para que ellos prefieran estar en casa.
“Este avance científico-decorativo permite fomentar el desarrollo de las personalidades que empiezan a surgir a temprana edad no sólo en lo relacionado con el gusto particular por ciertas tonalidades, sino, además, con las sensaciones y reacciones que los colores producen en ellos”, anota Raquel Araujo, decoradora del almacén Tendencias, especialista en telas.
“Los colores bien utilizados pueden tener efectos maravillosos y las tendencias para los niños tienen una razón científica que permite su desarrollo y –en muchos casos– reducir significativamente los estados ansiosos que los afectan”, agrega.
Colores para cada edad
Para lograr que los niños se sientan a gusto en su hogar, los expertos consideran que los colores de la habitación deben usarse así:
El azul tiene un efecto relajante y sedante en los niños.
Los colores cálidos como el anaranjado y el amarillo, crean ambientes acogedores, mejoran el ánimo y los niveles de energía.
De cero a 4 años se recomiendan colores suaves con bastante presencia de blanco, generando claridad, limpieza y tranquilidad.
De 4 a 8 años se aconsejan los tonos ácidos y fuertes como fucsia y amarillo. Los verdes combinados con azules ayudan a estimular procesos creativos.
De 8 a 12 se sugiere combinar paredes blancas con tonos rojos, amarillos verdes o fucsias, para significar transformación. Los colores tierra transmiten estabilidad.
Para cada personalidad
Rebeldes e hiperactivos. Su cuarto debe ser de colores suaves con mucho blanco, ojalá combinado con verde o azul. Se recomiendan pocos elementos para focalizar la atención del niño.
Además, buena luz para tranquilizarlos. Temas como el mar o el cielo son apropiados para ellos.
Creativos o soñadores. Colores fuertes con base de blanco y temáticas llenas de personajes en sus cuartos, les ayudan a los niños y niñas a afianzar sus conceptos entre la realidad y la fantasía. A la vez estimulan su capacidad de crear escenarios diversos en cada rincón de la habitación.
Curiosos y analíticos. Ellos quieren aprender de su entorno todo el tiempo, y nada mejor para motivarlos que decoraciones y elementos didácticos en las paredes y el techo del cuarto. Temas del espacio, por ejemplo, les ayudará a explorar sobre astronomía; una selva o decoración de animales, a aprender más sobre biodiversidad y el mundo, de los seres vivos. El blanco es clave como base para no recargar el ambiente.
Tímidos y retraídos. Los colores cálidos como el anaranjado, rojo o amarillo, pueden hacer que el niño sea más activo y despierto. Se sugiere decorarlo con personajes, dibujos, elementos con texturas en las paredes, que servirán para llamar su atención e impulsarlo a desarrollar su capacidad de percepción.
Fuente: Raquel Araújo, del almacén Tendencias.