El Parque Residencial Ecológico La Aldea, situado en el municipio de La Estrella, al sur del valle de Aburrá, es la materialización de quienes sueñan con la agrópolis como la ciudad del futuro (en perfecta unión con el campo).
Es una apuesta que gana más espacio entre los arquitectos, motivados ¿incluso¿ por exigencia de la población que quiere vivir lejos del paisaje urbano caótico, con grandes edificios hacinados y concentrados de espaldas al campo.
Gente que no quiere sufrir más por la inmovilidad, la saturación del parque automotor y la carencia de vías.
Ante esto, La Aldea hace eco de las necesidades de armonizar espacios sanos y productivos sin dejar de lado el desarrollo tecnológico citadino.
El Parque tiene 101.000 metros cuadrados, de los cuales 12.000 están destinados a la construcción de 86 casas. Los 89.000 restantes son para jardines, una granja, una huerta, un lago y lugares de encuentro. Todo alrededor de una filosofía de vida en armonía con la naturaleza.
Ana Catalina Velilla y su esposo, Santiago Correa, son los gestores de esta experiencia singular. ¿Un ser humano necesita tres cosas para vivir bien: construcción en tierra, agroecología y comunidad¿, dice Velilla. Por esto, y porque querían vivir más intensamente la ecología y lo espiritual, quisieron cambiar de vida.
El Parque Residencial fue diseñado con el apoyo de más de 40 expertos. Los esposos Correa Velilla iniciaron hace tres años la investigación y de ahí comenzaron a integrarse variedad de estudios de rigor, entre ellos, los de ingeniería y arquitectura, pasando por el Feng Shui, el bioclima, la biología, el paisajismo y la agroecología, que no podía dejar de lado el conocimiento de la construcción en bahareque o tierra viva.
Con la aplicación de esta milenaria técnica no buscan reproducir lo antiguo, sino construir casas más sanas. La tapia pisada, además de abaratar costos, es un material natural y un buen aislante térmico que no alberga bichos, absorbe el sonido y deja circular las ondas de calor y frío.
Según Velilla, ¿el lugar no es para llegar con serenatas de mariachis, ni para lavar el carro fuera de la casa con las puertas abiertas y los parlantes a todo volumen. Tampoco para piscinas.
¿Es para comprometerse con el medio ambiente y con la idea de habitar un planeta distinto, de una manera armónica y funcional¿.
En el corazón del lote hay un espacio multifuncional, La Maloka, que se utilizará como salón de conferencias, capilla de culto, capacitación, yoga, Tai Chi y proyección de películas, entre otros.
Junto a La Maloka se construye el teatrino al aire libre. También hay un kiosco o Doyo, en la cultura Huitoto, destinado exclusivamente para la meditación.
Además, se inició la construcción de una zona agropecuaria con caballeriza, establos para vacas y camuros, gallinero, zona de lombricultivo, compostaje, bodega de reciclaje y salón para la elaboración de caldos microbiales.
Habrá una carreta de caballo cubierta para repartir el periódico en la mañana y atender oficios varios, lo mismo que una planta de tratamiento de aguas residuales.
Esto se complementa con un cableado subterráneo, un cerramiento monitoreado y 120 lámparas, que iluminarán el lugar con energía desde una minicentral construida aprovechando la caída de las aguas de una quebrada.
Con más de un siglo de antigüedad
La Casa Antigua, o sea, la casa original de la que fuera la hacienda La Suecia y que hoy se ha transformado en este complejo que combina lo rural y lo urbano, tiene más de un siglo de vida.
También se destaca por su salón con chimenea para conciertos y tertulias, por la gran cocina y el horno de leña para el Club de Gastronomía y del vino, y por el llamativo espacio para actividades artísticas y manualidades. Se suman el patio con espejo de agua y un salón acondicionado para el Club de Carpinteros.