"La arquitectura es la que debe adaptarse al medioambiente y respetarlo y, cuando se habla de casas campestres, es mejor manejar materiales sencillos para que el protagonismo lo tenga la naturaleza", explica el arquitecto Fernando Villamarín.
Este experto en diseño de viviendas campestres basa su teoría en dos argumentos: "Al tener menos acabados lujosos se reduce sustancialmente el precio de la obra. Claro, esto no implica bajar la calidad de los espacios ni su apariencia", agrega.
Precisamente, él resalta que la tendencia mundial va a usar materiales 'en bruto' para combinarlos con la misma naturaleza que ingresa a la casa por los grandes ventanales.
Por ejemplo, las paredes en estuco simplemente se pintan en blanco y gran parte de la carpintería se toma de los materiales que se reciclan de las demoliciones.
Esta tendencia la aplicó en una casa campestre en Aposentos, en Sopó (Cundinamarca), donde el propietario quiso que el eje central de la vivienda fuese su gran pasión: la cocina.
"Al aplicar materiales elementales en sitios de alto desgaste como los baños, los pisos y la chimenea se logró un estilo que mezcla lo industrial pero también la calidez del hogar", asegura Villamarín, que usó el concreto como su mejor aliado.
Así, la chimenea de dos caras -armada con varios bloques de concreto- es la pieza que divide el estudio de la sala. Un pequeño muro que da el respaldo al nevecón divide visualmente la cocina de la zona social.
El problema que implicaba que los pies ensuciaran y dañaran la pared del comedor auxiliar -centro de las tertulias y más concurrido que la misma sala- se solucionó poniéndole una capa de concreto. "La ventaja es que este no es un material estático, con el tiempo va cambiando de color porque tarda unos cuatro años en secarse completamente y durante la evaporación el tono del gris varía", explica.
Esta misma técnica la uso en el puente 'colgante' que divide los dos bloques que conforman la segunda planta y el piso de las habitaciones. Allí, para evitar el polvillo que queda con el roce de los pies en el concreto desnudo y darles color y algo de brillo a las superficies le agregaron tintillas a la mezcla.
Lo mismo hizo en los lavamanos, donde se demuestra que la mezcla resiste perfectamente tanto el uso como el rigor de la humedad y los cambios de temperatura.
Precisamente, para seguir con el estilo industrial decidieron hacer
las escaleras en el mismo recubrimiento del piso de las busetas: acero rayado. De hecho las alturas de entrepisos y cubiertas se destacan pues las ventanas de piso a techo y las claraboyas permiten el paso de la iluminación natural, el paisaje y la vista al lago en toda su magnitud. Desde los baños también hay vista panorámica sobre la Sabana.
En esta casa la decoración va de la mano con el arte, precisamente por eso escogieron el estilo industrial pues no querían robarle el protagonismo a las esculturas ni a los cuadros.
En cada esquina hay cuadros y varios precolombinos de culturas de la zona de Cali. Estas piezas se encargan de darle el toque de color a los espacios.
Una de las hijas consolidó su gusto por la fotografía plasmando las imágenes dentro de marcos de cuadros muy antiguos comprados en los mercados de las pulgas.
Para bajar precios
- Cuando se busca un estilo más bien rústico, se puede usar ladrillo despicado que cuesta menos de la mitad y mantiene todas las propiedades físicas y la calidad.
- El concreto con tintillas, para darle color y evitar el polvillo, es una opción para cambiar los costosos recubrimientos.
- Con algo de restauración, las puertas y la carpintería de demolición les dan un toque muy cálido y personal a las habitaciones y los baños.
De hecho, generalmente están hechas de madera maciza de excelente calidad que, incluso, han permanecido perfectas por más de 100 años.
- El estilo industrial funciona para familias modernas y de vanguardia, siempre que no prefieran lo clásico. Requiere mobiliario sencillo pero confortable para darle 'calor de hogar'.