Producción periodística
Carolina Soto Ramírez
Después de cruzar la puerta blanca de madera es necesario caminar por un pasillo, ingresar a un jardín silvestre que rodea una deliciosa piscina, subir unas escaleras y ahí está: la primera zona social, atiborrada de fotos, detalles y mucho color blanco.
Entre la larga lista de accesorios se cuentan media docena de platos obsequiados por Catalán, amigo del actor, un par de platos traídos de Italia, una máscara napolitana, dos mesas en mármol italiano y sobre una de ellas hay una antigua máquina de coser. Además, varias figuras marinas autoría de una familia artesana muy cercana a la familia del actor.
Después, es necesario cruzar una puerta para llegar a la zona más amplia de la casa donde está la sala y el comedor. Allí, cuentan como protagonistas las pinturas, las fotografías, las velas, un antiguo radio de batería, un mobiliario en madera maciza sin pintar, una colección de vajillas, algunas plantas y más.
En el comedor cuenta en primer lugar el diseño de las sillas autoría de Jacqueline. Se trata de un mobiliario en madera -sin pintura- con formas de piña en su espaldar; una inspiración puramente jamaiquina. Sobre esta mesa, algunos candelabros rojos, frutas en madera y el infaltable color blanco.
Después de dar ese paseo por las zonas sociales se puede continuar con el balcón que da al centro histórico de Cartagena -donde está ubicada esta casa- o tomar la opción de continuar con el segundo nivel.
Bueno, para este caso vale la pena dar un vistazo a tan especial lugar de la ciudad. El balcón de color blanco y atiborrado de plantas es donde cualquiera quisiera quedarse¿ la atracción es enorme.
Después de ahí comienza el ascenso. Arriba, está la habitación principal, la biblioteca y la terraza. En la primera, cuentan los recuerdos, las fotografías familiares, el color blanco y algunas velas.
En la biblioteca se cuentan varios encantos: la hamaca, un televisor decorativo -tiene un daño temporal- y una colección de libros de cine, arte y mucha literatura. Es uno de los lugares más preciados por el actor.
En la terraza hay decenas de plantas en materas de barro, una mesa en madera, un parasol y por supuesto, mucho sol. Un rincón muy caribeño...
Fotografías que cuentan historias...
Después de subir varias escaleras hay una primera sala. Desde ahí y por cada rincón de esta casa se muestran decenas de fotos.
Entre ellas se cuentan: una que muestra su inicio como asistente de dirección en una película de Marlon Brando; otra mientras se grababa la película Erase una vez en América protagonizada por Robert De Niro; varios retratos que muestran su trabajo en El amor en los tiempos del cólera; algunas de Quemada, su primera película.
'Amigo' de sus lienzos...
Otro de los encantos de esta casa caribeña son las pinturas. Igual que las fotografías, aunque en menor número, se pueden ver en varios lugares: la sala, el comedor, el salón de entrada, las habitaciones...
Eso sí, cada uno de los lienzos han sido regalos de amigos cercanos. Algunos son autoría propia; otros, de artistas especiales para el actor.
Sobre esos 'tesoros' se ven nombres como: Monjalés, Darío Morales, Enrique Grau, Obregón y otros...
"Esta casa es millonaria pero fue hecha sin dinero. La hizo mi esposa Jacqueline sin ser arquitecta y la hemos llenado de 'tesoros' porque en ella se cuentan mil historias", comentó Basile.
Y después de hacer el recorrido que tardó más de una hora no queda la menor duda de esa expresión -acompañada de risa- con la que el actor se despidió de sus visitantes.