Producción periodística Carolina Soto Ramírez
Lo primero que tuvo en cuenta la actriz al comprar este apartamento fue la altura; después de ver el techo alto, la continua entrada de luz y la doble altura, no baciló en tomar la decisión.
La sala es un sitio en el que todos son bienvenidos; tanto así, que Patricia optó por tener en casa un comedor de grandes dimensiones (además de una madera maciza) para hacer más acertado su papel como anfitriona. Incluso, escogió para esta zona social sofás nada convencionales y que por cierto, no tienen nada en común entre ellos. Eso sí que es particular, y por supuesto, más encantador.
Una roca traída de la Calera y un jardín, también tienen espacio en esta concurrida zona de la casa. Dos elementos que cortan muy bien con la multiplicidad de accesorios; en verdad no puede hablarse de un común denominador. La lista de detalles resulta cada vez más larga.
El improvisado bar bajo las escaleras, la colección de libros sobre el piso del estudio y la 'galería' de platos completamente diferentes el uno del otro, complementan la suma pero de ninguna manera, la terminan.
Es imposible no comentar sobre el enorme vestier del segundo piso, el lienzo sobre el caballete (completamente a la vista), el espejo metálico y los varios metros cuadrados de alfombra que en ocasiones se convierte en pasarela. Según Patricia, ese espacio tenía que funcionar en la difícil tarea de escoger una prenda.
Para fortuna de todos, el tiempo alcanzó incluso para desfilar pero minutos después inició el descenso por las escaleras en madera. Y por supuesto, nadie quería salir de allí. |