Redacción
Carolina Soto Ramírez
"Este es el espacio que quise tener hace muchos años", fue la frase de entrada. Por supuesto, llegó después de un cálido saludo y una sonrisa de esas que resultan tan familiares que terminan por romper el hielo más rápido de lo normal.
Así fue. Todos se sentían casi como en casa, solo que se trataba de una que apenas conocerían y que con seguridad, vendría cargada de sorpresas. Por lo menos esa fue la impresión cuando al pasar, una imagen en rojo y negro quedó puesta frente a los ojos.
Incluso, hubo quienes por segundos imaginaron que tras la puerta de madera, en lugar de una zona social (como es esperado siempre) hay que toparse con un lienzo gigante que conjuga solo dos colores y sobre ellos, algunas 'caprichosas' pinceladas que se desvían de la clara línea cromática.
Para fortuna de todos, eso pasa por la mente de los más imaginarios y no toma más de algunos segundos. Una vez logran concentrarse, se dan cuenta que están frente a un lugar construido detalle a detalle. Fabián, se dice un hombre nada convencional a la hora de decorar su casa; para él nada mejor que aprender a personalizar espacios.
Por eso, pese a que se trata de espacio que tiene lo elemental de cualquier otro hogar, en este, hay lugar para jugar, para meditar, para conversar, para contemplar la ciudad, para comer, para descansar, para cantar y para imaginar.
El actor, desde el momento en que compró este apartamento (hace poco más de un año), decidió que los colores predominantes iban a ser rojo y negro. Esa fue la tarea inicial pero en poco tiempo, otras tareas similares a esta atiborraron la 'agenda casera' de Fabián.
Una vez su apartamento estaba lleno de estos dos colores, vinieron otros cambios interesantes: una pared de la sala (sin ninguna clase de pintura) fue colmada de imanes en varias formas y colores (curiosamente esta zona genera una especial atracción en los visitantes); otra pared, ubicada justo al lado del comedor, quedó con decenas de carros de juguete de color negro y sobre cada uno, una figura de color rojo; en una pared del baño social, dejó Fabián adheridos varios grifos de plástico de los que se desprenden alambres rojos que representan la caída del agua.
En el segundo piso, un baúl gigante que antes funcionada como ropero, soporta ahora el peso del televisor y funciona como ¿apoyo¿ de un par de guitarras, y al lado de la cama, más de 60 gorros y sombreros impusieron un toque especial para el lugar.
Para las escaleras que llevan al tercer piso del apartamento, fueron escogidas un par de pinturas que tienen los colores insignia de este lugar: rojo y negro; y en la 'cumbre', donde antes solo la vista sobre el centro de Bogotá era el atractivo, hay ahora un escenario de tertulias, un lugar para comer delicioso, para consentir a las plantas y para tomar el sol. Los autores de esta bella terraza fueron Fabián y su papá, Ricardo Mendoza.
No se puede negar que fue necesaria una gran dosis de talento para otorgar tanta magia a este lugar. Solo allí, sentados sobre una banca de madera, estuvieron varios minutos los visitantes y su anfitrión.
Después de tomar el sol y enamorarse un poco más de Bogotá, era necesario descender al primer piso; pero antes de la despedida, un delicioso té de frutos rojos preparado por Fabián, fue el encarado de sellar este encuentro tan enriquecedor.