Redacción
Carolina Soto Ramírez
Así es, se trata de una mujer minuciosa. En lo que a decoración respecta, no hay una palabra que pueda definirla mejor. Cada detalle en su apartamento ocupa el lugar que corresponde y nada puede modificarse sin su consentimiento.
Eso sí, para arreglar su apartamento, Stephanie se unió con Andrés Vargas (director de arte de la telenovela que graba actualmente), sumaron expectativas, gustos, un poco de irreverencia, y como resultado quedó este lugar en el que muchos reconocen un ¿atractivo¿ aire de cabaret.
Y definitivamente no es para menos. La actriz disfruta a cabalidad la estadía en su apartamento pero mientras haya un poco de oscuridad. No puede haber luces encendidas, a menos que se trate de un espléndido rayo de sol que se cuele por el ventanal de la sala y quede atrapado en la imponente cortina rosada que se desprende a los costados.
Solamente la luz de las velas tiene cabida en este lugar. Y sumado a ese detalle, la mezcla de colores, materiales, accesorios, la intensidad del color rojo, el particular diseño de todo el mobiliario, el olor a vainilla, el protagonismo de las plantas y la buena ¿vibra, le dan a este sitio un verdadero toque de romanticismo¿
Escaleras en descenso
Varios minutos transcurrieron, y fueron suficientes para contemplar, preguntar, conocer e incluso, desear. Sin embargo, había mucho por descubrir y Stephanie se encargó de acrecentar la expectativa. Repetidamente mencionó los encantos de los lugares que faltaban en el recorrido, y eso funcionó como un gran motivador.
La entrevista debió continuar en la habitación. Fue necesario bajar unos escalones en madera, esquivar un velón blanco con olor a vainilla y toparse con un espejo que la actriz ubicó de manera estratégica para canalizar las energías de quienes llegan a su lugar más íntimo. Después de eso, quedó a la vista de la curiosa visita un lugar atiborrado de encantos.
El aire romántico que impregna la sala, seguía teniendo vida en este espacio, pero a el se sumaba un poco de rusticidad, especialmente por la textura de las paredes y algunos detalles. Y en conjunto, la amplitud de la cama, la elección del color blanco como protagonista, las esencias, los cojines, una imagen religiosa que siempre lleva Stephanie consigo, las fotografías y el paisaje detrás del ventanal, se ganaron la mejor calificación por parte de los visitantes (nadie mencionó una cifra, pero hubo una larga lista de halagos).
De nuevo, el ascenso. ¿De paso¿ por la sala, una pregunta más sobre algo que saló a la vista y seguía la visita a la terraza.
Por supuesto, había muy poca luz. Algunas velas encendidas, varias estrellas alcanzaban a notarse a través de las puertas de vidrio y el olor a vainilla se sentía más cercano. Era el sitio perfecto para terminar la visita. Una hamaca, algunas preguntas y una charla informal, fueron los encargados de cerrar.