Gracias a la Universidad Jorge Tadeo Lozano, que compró el inmueble, y al equipo técnico encabezado por el arquitecto Enrique Munévar, la residencia del ex presidente Carlos Lleras Restrepo se convirtió en biblioteca-museo y en escenario de eventos de carácter académico y cultural. Desde su imponente fachada se percibe el claro interés del arquitecto europeo Otto Marmorek por entregarle a su cliente en 1944 una casa que estuviera a la altura de su dignidad.
En 900 mts2 y tres niveles, el arquitecto logró su cometido. La concibió comoun volumen suelto, con respecto a las edificaciones vecinas, lo que le otorgó una gran presencia. Desde su fachada, desarrollada en piedra muñeca, quedan al descubierto sus variadas influencias: toques neoclásicos en las columnas que enmarcan la puerta principal y aires franceses en su cubierta y
buhardilla, lo mismo que en su acceso vehicular.
La primera grata impresión que tiene el visitante la ofrece su hall de
entrada, que remata en la escalera de caracol y en la puerta que
conduce al jardín. A su derecha se encuentra una pequeña biblioteca de estilo inglés en la que el ex presidente acostumbraba despachar sus asuntos. Tapizada de libros del piso al techo, ya se anuncia allí la afición de su dueño.
La presencia de retratos de familia aquí y allá ya imponen al recorrido un toque personal. En esta misma planta también se encuentran el gran salón, el comedor con aires franceses y la zona de servicios.
Objetos muy especiales
Luego de restaurar la escalera de caracol en flor morado, a la cual se le retiró el tapete que cubría sus pasos, quedó al descubierto su belleza original. En este segundo nivel, donde se encuentran las habitaciones, aparece otra espléndida escalera en madera por la que se accede a los 237 metros de mansarda.
Recuperada la cubierta y eliminadas las subdivisiones, el lugar se convirtió en un espléndido espacio. Los bellos pisos de madera restaurados y el diseño de bibliotecas perimetrales en donde reposan 30 mil volúmenes, resalta el carácter longitudinal del lugar.
La entrada de luz natural por las lucarnas, complementada con una iluminación cuidadosamente diseñada para la lectura, generó el ambiente ideal para el descubrimiento de la Biblioteca Lleras.
Allí también se encuentran piezas especiales como su escritorio, su silla y su maquina de escribir, Olivetti 82. De vuelta a la primera planta, queda por recorrer su jardín. Con el rediseño
adquirió algunos rasgos japoneses, en su camino de gravilla que conduce a la fuente; allí también son protagonistas el ciprés y el durazno.
Para generar calidez y armonizar con la piedra se combinaron el mostaza y el arena en los muros. Se prestó especial cuidado al diseño de la iluminación de sus árboles y en su fachada, lo que hace que aún en la horas de la noche la edificación tenga especial protagonismo.
Sin duda un recorrido por el lugar estará salpicado de anécdotas
interesantes, como la que se oye cuando se pasa delante de la ventana por la que Carlos Lleras Restrepo escapó cuando le incendiaron su casa el 6 de septiembre de 1952.