Ernesto Lleras lleva 33 años como habitante y líder del Bosque Izquierdo, un tesoro arquitectónico y urbanístico de Bogotá. Es el presidente de la asociación de vecinos de un sector rodeado de casonas con ventanales, jardines y fachadas amplios, poco comunes por estos días, situadas entre escaleras y calles circulares que rodean el cerro donde está construido el barrio. Él fue el guía de un maravilloso recorrido por el que bien podría ser un bosque encantado.
Con su sombrero de pescador puesto, decidió que el mejor punto de partida eran los árboles, que antes no existían y que fueron sembrados de común acuerdo entre los vecinos y el Jardín Botánico para que, por fin, el barrio le hiciera honor a su nombre.
Primero fueron los cerezos a lo largo de la calle 25C, luego los cafetos en la carrera cuarta, y así varias especies nativas fueron poblando los andenes y parques de lo que fue una parte de la hacienda de la familia Izquierdo hasta principios del siglo pasado.
Historias de calle
Son pocas cuadras y casi para cada una hay un parque. Para llegar al primero de ellos, hay que bajar unas escaleras que se topan con carboneros, magnolios y palmas de cera, así como con el pequeño malecón, que tiene una vista privilegiada de la ciudad.
Este barrio fue diseñado por el famoso urbanista vienés Kart Brunner , quien también tuvo a su cargo varios sectores de Bogotá, como El Nogal, Santa Teresita y El Retiro. Por eso las calles del Bosque Izquierdo no son cuadradas como las del resto de la ciudad, sino que siguen la curvatura natural de los cerros, quizá su toque más especial.
Al pasar frente a la embajada de Bélgica, llegamos al Parque de los Perros.Allí se llega después de atravesar una gran puerta forjada en hierro, que conduce a este mirador natural sobre el Parque de la Independencia. Solo los separa la carrera quinta. Desde allí se ve en perspectiva toda la extensión de Bogotá hacia el occidente, con calles , casas y edificios que reflejan la luz del atardecer. Hacia el oriente , los cerros.
Cuenta Ernesto que este es un barrio de mente abierta, en el que los vecinos deciden por consenso, pero no se meten en la vida de nadie. Las casas son prueba de ello, ya que tienen los más variados estilos: francés, inglés,norteamericanos... Sus escrituras datan de finales de los años 30, cuando pertenecían a los familiares del señor Izquierdo, quienes luego de los incidentes del 9 de abril comenzaron a desertar, asustados.
Pero cuando realmente se convirtió en un 'peligro' para la moral fue durante los años 60, pues los más conservadores bautizaron una calle como la Colina de la deshonra. Aquí vivían los intelectuales y artistas de la época, como Grau, Obregón, Roda y Ramírez Villamizar, entre otros, quienes revolucionaron la forma de pensar del país.
El corazón del Bosque Izquierdo se llama La Raqueta y allí se llega por unacalle sin salida, que termina en forma circular. Es el escenario de las reuniones de vecinos, los festivales musicales y gastronómicos , la celebración de las velitas, el pesebre en vivo y hasta la protesta contra la guerra de Irak, cuando todos se reunieron con antorchas, para escuchar un concierto y luego marcharse en silencio, a la luz del fuego.
En varias calles existen muros de piedra, de los que cuelgan plantas formando jardines bastante particulares. Edificios hay pocos y son producto de 'situaciones excepcionales', pues se supone que no están permitidos en el barrio.
Ernesto conoce los nombres de los habitantes de cada casa y su
profesión: el artista tal, el cineasta tal, el profesor tal, el actor de teatro tal, el biólogo tal. Ha visto crecer a los hijos de sus vecinos, quienes también se han convertido en pintores, teatreros o antropólogos, porque, como él mismo dice, es un barrio de gente 'alternativa'. Aquí hay apenas tres o cuatro oficinas y un hogar de Bienestar Familiar. Al llegar a la Circunvalar se encuentra otro parque, pequeño y solitario, en donde ocasionalmente algún
extraño se refugia para respirar naturaleza.
La calle 26 es el límite del barrio. Más allá están la Independencia y luego La Macarena, un sector lleno de bares, restaurantes y cafés. Ernesto lo describe como un sitio ecléctico, loco y absurdo, en donde resaltan colores por todos lados y casas intervenidas con gustos variados. Al descender a la quinta aparecen las Torres del parque, en donde hay un café, el sitio perfecto para rematar el recorrido con dos capuchinos.