La casa logra materializar muchos de los elementos buscados en una casa de campo: ser cálida en sus materiales, funcional, con todas las condiciones de confort y de descanso, y con gestos estéticos que se producen de cara al paisaje.
Estas razones son las que explican cada una de las decisiones tomadas con respecto al diseño y la ubicación de la construcción en el lugar. Situada en Subachoque, se encuentra protegida al oriente por el bosque nativo que logra mitigar el efecto de los vientos que viajan norte-sur, mientras que del otro lado se abre hacia el occidente para aprovechar la vista y el sol de la tarde.
Concebida como una sucesión de cinco cuadrados de 6 m x 6 m dispuestos bajo una sola nave a un agua, el resultado es una casa larga de 240 metros cuadrados.
Como se trataba de que aun dentro de la casa se disfrutara del paisaje, en su fachada principal este largo rectángulo cuenta con una serie de ventanas altas que permiten apreciar en todo momento el bosque nativo y aprovechar el sol de la mañana, y del otro lado, a partir de puerta-ventanas recrearse con los tibares que conforman el jardín y, más allá, con todo el valle de Subachoque.
Para garantizar una temperatura agradable al interior, la casa se construyó 65 centímetros por encima del terreno para que la humedad y el frío no penetraran al lugar.
En el mismo sentido, su fachada principal está recubierta con un muro de piedra de la región que se calienta con el sol de la mañana y por la noche contribuye a mantener una agradable temperatura en el ambiente.
Otros elementos que permiten garantizar la temperatura ideal tienen que ver con la presencia de la chimenea en su gran salón comedor y del horno de leña, que contribuye a conformar el espacio, no solo en la cocina abierta sino en el área social, ya que se desarrolló como un cilindro cónico en ladrillo con gran presencia dentro del lugar. ¿El horno es el corazón de la casa¿, dice la arquitecta.
Con piedra y madera
Sin duda estos materiales determinan el estilo del lugar. La piedra caliza está en los muros; la pizarra en la cocina y la piedra muñeca en los baños. La madera es el gran complemento de este material.
La carpintería
de toda la casa se desarrolló en madera de pino. La presencia más imponente es en la cubierta desarrollada con vigas metálicas en la que se ensambló la madera ya que el pino no es una madera estructural y se utilizaron vigas de 9 metros de largo. El pino también está en closets, estantes y puertas.
Sobresalen las típicas ¿puertas holandesas¿, propias de los establos, dispuestas en la cocina. Así es como, aunque sólo esté abierta una hoja, quien está en la cocina puede mantener el contacto con el exterior.
En el salón-comedor también está presente la madera, esta vez a través de tablones de guáimaro instalados en el piso. De igual forma este material está presente en la terraza que, a manera de deck, prolonga el espacio social hacia el exterior, sobre todo gracias al diseño ligero de sus puerta-ventanas pivotantes.
Para la arquitecta la sencillez de los materiales utilizados en la casa, que tomó ocho meses para construirse, le aporta mucho más al sitio porque es un lugar cálido, fácil de habitar, donde todo fue hecho para ¿vivirse¿.
En cuanto a la parte más privada de la casa, en sus dos habitaciones y los baños, se mantuvieron los mismos materiales.
La madera de guáimaro está en las habitaciones y la piedra en los baños. El mezanine está situado justo sobre las habitaciones, lo que le resta altura pero lo hace más acogedor. Aquí el tapete de chivo sirve para ambientar el espacio que funciona como cuarto de huéspedes o sitio de estar.
La manera respetuosa como esta vivienda se integra al paisaje permite una convivencia amable y grata con el entorno. Para la arquitecta Alexandra Pinto, esta es una casa viva.