El arquitecto Juan David Londoño desarrolló, en asocio con Jaime Eduardo Cabal, un restaurante en el que se ven reflejados elementos propios del entorno latinoamericano como nuestras montañas y bosques húmedos tropicales.
De allí salen los colores del espacio que no son otros que los mismos de la naturaleza: los tonos de la madera y de la tierra y los verdes de la vegetación. Con los materiales seleccionados como la piedra mexicana Santo Tomás y la macana, utilizados en la fachada y en el interior, igualmente se evocan sus texturas.
Dicha piedra se combina en la fachada frontal con el vidrio y en sus laterales con la macana. La intención de hacer que estas texturas fueran llevadas al interior hizo que la piedra también recubriera el cielorraso y que la macana se utilizara como pérgola en la terraza acompañando un deck con escalones que ofrece un lugar para sentarse y disfrutar del paisaje.
Pero en este espacio de 329 metros cuadrados, ubicado en el sector de El Poblado, en Medellín, no solo se evocó la naturaleza de este modo; también se trabajó a nivel de la iluminación, generando efectos de luz que durante el día pretenden reproducir efectos nocturnos de la naturaleza y en la noche, algunos diurnos.
El restaurante se concibió en cuatro pisos con varios ambientes. Cuenta con una volumetría muy precisa que se intensificó al haber retrocedido la construcción a nivel de la calle de acuerdo con la normativa vigente, lo que ofreció mayor espacio para la circulación de los peatones y un efecto dramático a nivel del voladizo en el volumen superior.
En el primer piso, que se constituye en un semisótano, se ubican la cocina y todos los espacios de servicio que permiten el funcionamiento del lugar. En el segundo nivel se encuentra la escalera retrocedida que da acceso al restaurante y a una primera área de atención compuesta por algunas mesas y la barra.
En la tercera planta se combinan tres salas vip con otras mesas. Y ya en su último piso se halla una gran terraza que se abre al paisaje constituido por un gran árbol, lo que ofrece a los comensales la oportunidad de tener una vivencia del lugar totalmente refrescante.
Gracias al gran ventanal desarrollado a partir de paneles plegables, se da una total integración del interior con el exterior, generando una transparencia entre ambos.
La vegetación hace presencia a través de un patio interior, como una grieta, que a su vez sirve para estructurar todas las áreas de servicio y su circulación vertical.
Según Juan David, el trabajo a nivel de paisajismo interior generó ¿un microclima que hace referencia nuestras montañas y a la región húmeda tropical¿, siempre pensando en producir múltiples sensaciones; el mismo propósito lo tienen en el menú, a través de platos neolatinos cuya puesta en escena también se inspira en la naturaleza.