1. Con la presencia de un árbol. Los arquitectos José María Rodríguez e Ivonne Valencia les ofrecieron a los dueños de un apartamento en un último piso, la posibilidad de contar con su propio mundo interior, con naturaleza y todo.
Lo lograron haciendo una separación que independiza la terraza del edificio vecino y creando una vista propia en un jardín de 18 metros cuadrados, que se extiende a lo largo de la zona social, tomando un deck en madera teca, un muro blanco y un árbol, como síntesis de la naturaleza. Así se les dio un ¿polo a tierra¿.
Considerando el jardín como un elemento de referencia fundamental para los seres humanos, también dispuso algo de ¿verde¿ en otros puntos de la casa. El recurso: las jardineras. La primera aparece al cruzar la puerta principal, y hace parte del diseño de un novedoso baño auxiliar en el que el sanitario se encuentra resguardado por la puerta corrediza de madera y embellecido con las plantas instaladas en la jardinera. Y la segunda, en las escaleras, eje de circulación de la vivienda.
2. Casa con vista. Para proveer a una casa de 700 metros cuadrados de un maravilloso entorno verde que la circundara, el arquitecto Gabriel Cure hizo gala de una rica combinación de materiales y plantas. Buscando armonizar naturaleza y arquitectura, diseñó una columna forrada en metal oxidado, la cual simula un tronco de árbol que dialoga con el eucalipto centenario que se encontraba en el lugar.
Como telón de fondo, muros construidos con lajas de piedra cortadas en piezas de cinco centímetros cuyos tonos negros, grises y ocres evocan los de la naturaleza. Siguiendo la misma línea cromática se destaca el metal oxidado utilizado en un puente, que parece un deck de madera. Para crear un contraste con las zonas duras se seleccionó mármol royal dorado, tratado con ácido, en el que se destaca el diseño logrado a partir de sus dilataciones. La presencia del agua produce un efecto lúdico. Cruzar el puente que conecta los dos sectores del jardín, da la sensación de estar caminando sobre el líquido.
Acompañan al gran eucalipto, linos, helechos, papiros y especies que en otros puntos se situaron en terrazas escalonadas.
3. Para refrescar los interiores. La barda de madera, estilo campestre, ofrece una experiencia de naturaleza íntima e idílica, gracias a las soluciones arquitectónicas de Luis Gabriel Largacha en la remodelación de la casa, y paisajísticas por cuenta de Ana María Largacha.
El corto recorrido que bordea el cercado de madera hasta la puerta principal se sucede de un lado rodeado de variedad de flores como sietecueros y lirios y el diosme, y del otro, pajitas, lirios, hebes, statis e impacientes. El rico follaje de esta área se da a partir de un calistemo y podocarpus. El pequeño antejardín, al que se accede por el estudio, cumple el propósito de ofrecer un agradable rincón para tomar el sol y descansar rodeado de plantas y también de regalarle al estudio una agradable vista.
Lo mismo ocurre en la zona social; allí se aprovechó un ¿aislamiento lateral¿ para proyectar un espejo de agua de tres metros cuadrados, en donde se recreó un ambiente de humedal con papiros helechos y azaleas que ofrece otro punto verde para mirar desde el interior.
Grandes ventanales de piso a techo, dispuestos en la zona social y dejados al desnudo, dan como resultado el disfrute del diseño de jardines mínimos.
4. Terraza con vegetación. La forma de traer la naturaleza a una terraza que rodea un penthouse de Bogotá, le significó a la arquitecta paisajista Ángela de Francisco diseñar con muy pocos elementos una propuesta que, vista a través de los tres grandes ventanales de la zona social, parecen una serie de cuadros.
Se dispuso en diferentes alturas una variedad de orquídeas ¿Sobralia, Tichitoma, Epidendrum Elongata y Mendesvalias¿ que fueron sembradas en materas de cemento que le dan un aire muy contemporáneo a la creación. El complemento, la gravilla que se utilizó para ciertas zonas duras y la piedra bola de río que se dispuso junto a las materas. Así se lograron rincones cálidos en los que las plantas embellecen y proporcionan un entorno íntimo y privado.
5. Un marco verde. A lo largo de una terraza de 200 metros cuadrados en forma de L, en un apartamento bogotano los arquitectos Germán Carvajal y Luis Javier Franco, de la firma Arquitectura Paisajística Ltda., dispusieron especies nativas como robles, nogales, palmas, helechos arborescentes y plátano sabanero ornamental, entre otras plantas, para bloquear la vista de los edificios cercanos y los muros de fondo.
Así se creó una vista de las alcobas hacia un ¿paisaje selvático¿ con toques costeños tropicales, para que los dueños de casa evocaran su origen a diario al mirar las plantas de su tierra. Esta masa verde contribuye a enmarcar el deck de sapán equipado con jacuzzi y una barbacoa diseñada, al igual que el resto del apartamento, por el arquitecto Guillermo Arias.
La disposición de bambúes y plátanos, en un conjunto de macetas de cemento rectangulares y cuadradas, lleva la vegetación de ese gran trasfondo hasta este ¿claro en el bosque¿, haciéndolo más privado. Como material fundamental del jardín se destaca la piedra caliza de río, complementada con las placas de mármol que marcan y modulan los pasos.