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Es la que hace en Barichara la firma Nativa. Para la muestra este proyecto en el que se destaca el manejo de la piedra.
Hace cinco años el arquitecto Camilo Holguín llegó a Barichara con el propósito de aprender de primera mano lo que era la arquitectura en tierra. Ello implicaba ¿untarse las manos¿ y eso ha hecho guiado por don Reyes, don Clímaco, don Trino y don Juancho.
Desde entonces, a través de la firma Nativa, de la cual es director y de la que también hacen parte Andrés Rubio, Amalia Ortiz y Jorge Espinel, ha desarrollado varios proyectos en los que ha ido dejando su impronta personal.
En Habitar No. 204 de agosto de 2006 publicamos uno de ellos, que luego fue seleccionado en la XX Bienal Colombiana de Arquitectura.
Regresamos a Barichara un año después y encontramos un nuevo proyecto suyo que se constituye en una nueva exploración de las técnicas tradicionales de construcción en tierra.
Para Camilo Holguín este trabajo como los anteriores debe involucrar tres elementos: que sea una arquitectura sostenible, que sea expresión de la arquitectura local y también una propuesta de arquitectura contemporánea.
En esta ocasión, en zona rural de Barichara, en un lote de 1.000 metros cuadrados fue llamado a desarrollar una casa de vacaciones que él y su equipo desarrollaron en 276 metros cuadrados.
Dada la localización del lote que mira hacia el cañón del río Suárez y a la cordillera de los Yarequíes, la gran prioridad del proyecto consistía en aprovechar la vista al máximo para no perdérsela ni un minuto, por eso todo, salvo las habitaciones, se abre al paisaje.
El proyecto está constituido por dos rectángulos que se interceptan. Uno se desarrolla como un caney con cubierta a dos aguas, que contiene el área social y la alcoba principal.
El otro, que remata en una cubierta plana, contiene un par de habitaciones con sus baños. Dada la condición escarpada del terreno, el arquitecto trabajó el lote de tal manera que se generaron unas nuevas condiciones a partir de las cuales desarrollar el proyecto.
La casa se va desplegando poco a poco de manera escalonada, lo que hace que se dé una transición sutil entre los distintos niveles y ambientes.
Al llegar nos recibe un muro en tapia pisada con acabado en cal viva y una inscripción hecha por sus dueños que dice: e la vita, (es la vida), que muestra lo que para esta joven familia representa el lugar. Dicho muro blanco demarca el acceso.
Pasando el área de servicios y la habitación de quienes trabajan en la casa, se llega a un patio habitado por heliconias que se convierte en un refrescante tránsito hacia la zona social que comprende sala, comedor, cocina y terraza, totalmente abiertos al paisaje.
Hacia esta misma vista se abre la habitación principal situada en un nivel superior. El límite de estos espacios abiertos es un espejo de agua que comienza en la terraza de la habitación principal y se extiende a todo lo largo del lugar hasta llegar a la cubierta plana del segundo volumen, constituyéndose en una barrera virtual para quienes se encuentren en las terrazas.
En este punto la firma Nativa se permitió ir un poco más allá en sus exploraciones.
Aplicando técnicas mexicanas y utilizando cal viva y arena los arquitectos desarrollaron esta cubierta plana de 13 metros de largo por 6 de ancho que se propuso como un punto más de encuentro y de contemplación gracias a la banca ondulante que recorre la terraza.
Allí un jardín de cactus y piedras también trae a la casa aires de México. Esta casa propone una estadía muy apacible a partir de la contemplación del paisaje, y del placer de compartir actividades como cocinar, comer y estar a gusto en su zona social en la que comedor y cocina se presentan como un solo elemento.
Allí la limpieza del diseño y la combinación de materiales le imprimen sentido estético al resto de la casa. La pizarra se encuentra en el mesón en el que se empotró la cocina, la cual cuenta en la parte baja con estantes en sapán.
Este elemento se une a una mesa de comer elaborada en cedro. El complemento de esta unidad es un mueble en sapán que contiene el lavaplatos y también se propone como otro lugar para efectuar labores culinarias.
Para la firma Nativa cada proyecto arquitectónico en Barichara ha significado nuevas exploraciones. En este caso, se podría decir que la obra con la piedra de labor ha sido uno de los grandes desafíos pues el material tuvo muchas aplicaciones y se usó tanto en muros de contención como en pisos.
El complemento de este material lo constituyó la cerámica y el cristanac utilizado en el espejo de agua que recorre las terrazas que adquirieron así un aire muy contemporáneo. Por contraste, lo rústico aparece en las columnas de madera de Palo del Brasil que le aportan al conjunto un toque agreste.
La frescura del lugar y su invitación al disfrute de la casa de puertas para afuera es evidente. Como dice el arquitecto, ¿la idea es generar una casa que se extiende al infinito, en la que se respira libertad y en la que estando adentro siempre parece que se estuviera afuera, escasamente protegido por un techo¿.
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