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La ornamentación en yeso sigue viva
Las mejores muestras de ornamentación en yeso en imágenes
     
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de cien años, con pasión y tenacidad, la familia Ramelli ha legado un oficio que les viene desde Luigi, artista suizo que arribó a Colombia en 1884.
       
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Heredero de esta larga tradición, Germán Reitz Ramelli estuvo al frente del taller familiar desde 2000. A su muerte, amigos, familiares y colaboradores se empeñan en no olvidarlo y en mantener abiertas las puertas del mítico lugar.

Durante más de cien años, con pasión y tenacidad, la familia Ramelli ha legado de padres a hijos y de hijos a nietos un oficio que les viene desde Luigi, artista suizo que arribó a Colombia en 1884 y recibió el encargo de ornamentar las obras que el Estado estaba llevando a cabo como parte de la consolidación de su imagen pública.

De la mano del arquitecto italiano Pietro Cantini, quien estaba a la cabeza de varios de los trabajos que se realizaban, Bogotá cobró una nueva cara en la tendencia de las ciudades europeas de finales del siglo XIX y principios del XX.

Con la decoración de los principales edificios de la era republicana empezaría la larga aventura de los Ramelli en nuestro país, imponiendo el sello de calidad que les valdría un nombre dentro de la arquitectura y las artes decorativas en Colombia.

Testimonios vivos de esta historia son el Teatro Cristóbal Colón, el Templete del Libertador, los palacios Municipal y de San Carlos, las capillas de las Angustias y Santa Isabel de Hungría en la Catedral Primada.

A la muerte de Luigi le sucederían sus hijos Colombo y Mauricio, quienes no solo prolongaron la obra de su padre sino que le aportaron al país un invaluable conocimiento a través del taller donde muchos estudiantes hicieron sus prácticas y en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde los Ramelli compartieron secretos sobre la utilización del yeso en la ornamentación y la técnica de moldeado en arcilla y vaciado en yeso.

La tradición familiar continuaría en manos de Mary, Carlos y Mario, hijos de Colombo, incursionando con nuevos materiales como el granito, el mármol y el cemento.

Gran parte de su trabajo estuvo dedicada a la restauración y conservación de obras, como en el Palacio de Nariño, el Palacio Echeverri y la iglesia Nuestra Señora de Egipto.

En 2000, tras la desaparición de sus tíos, Germán Reitz Ramelli tomó las riendas del taller. Metódico, sencillo, culto, con un fino sentido del humor, su mayor preocupación era mantener los estándares de calidad que han caracterizado la producción y ponerla a tono con las tendencias contemporáneas.

Su reto: investigar más sobre los orígenes y la obra de los Ramelli y dar a conocer a la familia. Para eso contó con la ayuda de fieles colaboradores, amigos y familiares empeñados en continuar con su labor y mantener abiertas las puertas de la vieja casona.

Como muestra de ese trabajo que ha sumado los esfuerzos de varias generaciones, presentamos las vivencias de algunas personas que acompañaron a Germán Reitz a lo largo de su vida y de la historia del taller Ramelli.

Beatriz Alzate, alma gemela
Internacionalista y amiga personal de Germán Reitz, Beatriz Alzate lo define como un hombre con una gran disponibilidad y generosidad hacia los demás.

Su amistad data de los años sesenta y como dice ella misma, nunca hubo un mal detalle. Muy interesada en el legado de la familia Ramelli, Beatriz realizó en 1986 una investigación que se llamó ¿Ramellis, cien años de arte colombiano¿.

Más adelante comenzaría a trabajar con Germán en un proyecto común cuyo objetivo era mirar hacia atrás para retomar la historia de este oficio y ver su conexión con los Ramelli, encontrar huellas muy precisas que pasan de generación en generación.

¿Todo esto lo ilusionó mucho. Nuestra idea era estudiar hasta dónde se había prolongado este conocimiento, de dónde venía esa producción. Quisiera seguir en esto. Como dice la tradición huitota, cada uno teje un canasto con su vida. No es importante si queda acabado, viene otro y lo culmina¿.

María Clara Torres y Hugo Delgadillo, historia y amistad
Como muchas amistades, esta se dio por casualidad. Empezó como una relación de trabajo y con el tiempo los lazos se estrecharon.

Para María Clara Torres, apasionada por el arte, y Hugo Delgadillo, historiador, Germán fue más que un jefe, un amigo que les enseñó muchas cosas.

¿Todavía tenemos las llaves del taller¿, comenta María Clara. ¿Cuando el taller original se trasladó, empezamos a trabajar organizando los bocetos de las diferentes obras, después los álbumes familiares y de las obras.

Luego se hizo una búsqueda de fuentes, en prensa, libros, notarías, para buscar nuevas obras Ramelli que no se conocieran. Germán era un hombre muy metódico, apasionado, empeñado en rescatar del olvido la tradición de su familia. Era un hombre generoso que en esta labor respetaba y reconocía a las personas que han trabajado en ello¿, cuenta Hugo.

Alberto Escovar, cambio de rumbo
La amistad del arquitecto Alberto Escovar con Germán Reitz fue, según sus palabras, inspiradora.

¿Conocí a Germán Reitz cuando yo trabajaba para recuperar las estaciones de ferrocarril de todo el país. Él quería recuperar la de Chocontá¿.

Admite que no sabía mucho sobre la familia Ramelli. ¿Germán me llevó al taller y me contó la historia de su familia. Quedé muy impresionado¿. De eso ya hace un tiempo, pero Alberto sabe que su relación con Germán cambió de alguna manera su destino.

En los años siguientes, Escovar se dedicó a la investigación histórica de la arquitectura y hace poco se embarcó en otro proyecto: una escuela de artes y oficios.

¿Es triste ver cómo esos oficios artesanales y sus obras desaparecen. El objetivo con la escuela es recuperarlos y darles vigencia.

La idea inicial era hacerlo en el taller Ramelli. Yo hablé con Germán y quedó encantado. Al lado del taller se montaría la escuela, formando y capacitando gente, actualizando esos oficios y volviéndolos más competitivos¿.

Germán murió por esos días, pero la idea sigue viva. ¿He hablado con Elsa y Olga Moreno. Estamos en conversaciones y espero llegar a un acuerdo pronto para seguir adelante¿.

Germán Romero, buen alumno y maestro
Si alguien conoce a fondo la historia de los Ramelli, ese es Germán Romero, jefe de taller.

Al igual que Ernesto, su padre, Germán se crió en el taller y tanto el uno como el otro aprendieron el oficio siendo todavía muchachos.

Conoce la técnica como pocos. ¿Comencé muy pequeño con don Carlos y la señorita Mary. Cuando estaba en el colegio, durante las vacaciones iba a ayudarle a mi papá.

Ahí empecé a aprender el oficio. Cuando acabé de estudiar me dediqué de lleno¿. Para él, "don Germán" era un hombre generoso, serio en los negocios, con una inteligencia y una ¿chispa¿ fuera de lo común.

¿Fuimos muy allegados. Incluso cuando yo empecé a estudiar contaduría él insistió en apoyarme, me decía que uno debía tener otra profesión¿.

En el trabajo lo recuerda metódico, estricto en el cumplimiento y la calidad, riguroso con los contratos y celoso de las cosas del taller. ¿Él quería conseguir las patentes de los modelos.¿ Por la muerte de Germán Reitz, a su tocayo se le nota la nostalgia.

Encargado de toda la producción de las piezas, Germán Romero quiere mantener el taller en marcha.

Elsa y Olga Moreno, mirada al futuro
Para Elsa Moreno, la muerte de Germán, su cuñado, le llegó de repente, sin avisar. ¿Era un ser maravilloso, abierto, extrovertido, de muchos amigos y muy caballeroso.

Su gran empeño era promover el taller y en general la cultura. Era muy activo y con un sentido comunitario muy grande. Estaba vinculado a la Fundación de Amigos del Teatro Colón y a la Fundación Amigos de Chocontá, fue promotor de la banda ciudadana allí¿.

Después de una vida de trabajo de los Ramelli y de siete años de una gran perseverancia de Germán por consolidar la imagen de la familia, a Elsa y a Olga, su hermana, no les cabe en la cabeza que el taller desaparezca.

¿Nuestra idea de aquí en adelante es hacer taller. Pero ir más allá de las restauraciones. Modernizarnos, utilizar lo que tenemos pero en construcciones actuales. Brindar todos los procesos: asesoría, producción de las piezas e instalación. Mirar a futuro para que el taller pueda permanecer en el tiempo¿, comenta Elsa.

 
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