Visitar Atami-so voz japonesa que quiere decir "playas de aguas tranquilas" en la altura de Bogotá es llegar a un remanso de paz y tranquilidad que rodea una casa de 700 metros cuadrados, en medio de un lote de 11.000 metros cuadrados, en las afueras de la ciudad, diseñada por el arquitecto Ricardo Restrepo y con la colaboración de la especialista en paisajismo japonés Clara Inés Moreno. El resultado es una "experiencia espacial" que nace de la construcción del paisaje.
Como señala Ricardo Restrepo, arquitecto colombiano con una amplia experiencia en el oficio, tanto en Venezuela como en Estados Unidos, sus proyectos siempre han buscado que los ambientes sean amplios y generosos, "no me gusta encerrar a la gente, prefiero los espacios que se integran, que sean fluidos", dice. Espacios muy orgánicos en los que muchas veces se manifiesta su admiración por arquitectos como Frank Lloyd Wright.
Proyectó esta casa con influencia oriental teniendo como inspiración y telón de fondo la naturaleza, que luego Clara Inés Moreno moduló, retomando esta cultura que conoció de cerca
durante una larga estadía en el Japón y de la que admira por sobre todo el respeto y el orden. Cuando Ricardo quiso traer el "exterior al interior" dispuso vanos y aberturas aquí y allá, lo cual enriquece todos los rincones con luz natural y una vista hermosa que contemplar. Son cuadros naturales diseñados por Clara Inés que se disfrutan desde la sala, el comedor y la biblioteca, donde se encuentra el típico hibachi o brasero de carbón japonés.
La naturaleza se toma la casa de varias maneras
Por un lado con un jardín japonés en el punto de acceso a manera de bienvenida a partir de bonsáis, pinos moctezuma, y siete cueros rastrero. Y por el otro, con el diseño de un sendero que comunica los dos polos de la casa: la zona social y la de alcobas. Para llegar a cada área se cruza un sendero desarrollado con base en gradas diseñadas a partir de troncos de eucalipto incrustados en el piso y adornados con "suculentas" miniatura que se complementan con un jardín
zen hecho con polvo de mármol blanco para evocar el agua.
Y mientras Clara Inés Moreno se ocupaba por traer el espíritu de la cultura japonesa con elementos de la naturaleza, Ricardo también aplicaba ciertos componentes estructurales y estéticos a la construcción de la casa, como en su cubierta desarrollada en caña brava y bambú unidas mediante nudos japoneses o a través de la creación de nichos y rincones estratégicos para exhibir piezas
y obras de arte.
Juntos también diseñaron el acceso a partir de una escalera con suaves curvas que permiten vislumbrar la casa antes de llegar a ella. Un acceso virtual está dado por unas azaleas de 150 años y un camino adornado por bonsáis y saikeis.
Los primeros ponen de manifiesto el deseo de los cultores del zen por "controlar la naturaleza" frente a un mundo regido por lo temporal y lo transitorio.
Estas alternativas de acceso son el resultado de un cuidadoso trabajo del observador que va en busca de la armonía y el balance.
Mientras que los saikeis son composiciones a partir de piedras, plantas y arenas dispuestas en bandejas para llevar a las casas en las que se representan el hombre, el cielo y la tierra.
Clara Inés los dispuso en el jardín y, además, les involucró un elemento que no está en las versiones tradicionales: el agua. Y
así, a partir de un típico camino japonés lleno de sorpresas, se llega a la casa.
En otro punto del terreno...
Se diseñó un camino con plantas y piedras en las que las suculentas, los juníperos, los
helechos de agua y el San José han sido sembrados en la tierra y podados bajo los parámetros japoneses. Para crear un jardín con distintas escalas se involucraron las plantas rastreras, las arbustivas y otras de gran porte.
La culminación de este ejercicio es la presencia de un lago con todos los elementos de un jardín japonés, pensado como lugar en donde es posible la meditación y el reposo. Otras especies como
son los enebros, los arces y la acacia negra se mantienen siguiendo los cánones de la jardinería nipona.
El efecto final de este ejercicio entre arquitectura y paisajismo, es que no importa si se está afuera o adentro, el contacto con la naturaleza ya se ha establecido y tanto en casa como fuera de
ella la experiencia espacial que se vive en el lugar es de calma y sosiego.
Imagen: Archivo particular