La tradición de las flores en la decoración de la casa tiene que ver con el deseo de las culturas de realizar cosas bellas y a la vez útiles, sencillas y cercanas al espíritu.
Qué más apropiado para este propósito que inspirarse en lo que tenemos más cerca y que le es tan propio al hombre: la naturaleza.
Flotando ya en los encajes de las habitaciones francesas e italianas del siglo XVI, estampadas sobre el algodón en las culturas antiguas de Asia y Egipto, bordadas a mano desde la Edad Media sobre lino o seda, pintadas en China sobre tiras de papel de arroz, dibujadas con fino pincel en la vajilla, evocadas en poemas, las flores han sido siempre motivo de entusiasmo y de inspiración de lo mejor que tenemos.