La ceramista Diana Fraser terminó el año 2007 con la exposición 'Umbral' en la galería Obra con piezas que hacen reflexionar sobre la vivencia del tránsito, el estar en ese punto medio y el paso de un estadio a otro.
Y 2008 lo comienza con la preparación de piezas cerámicas que se expondrán en la próxima Feria Internacional del Libro en el stand de Japón, país invitado al evento.
Y es que en Japón se formó como ceramista estudiando con Kanama-sensee en Kasama y con los maestros Okuda-sensee en Mashiko y Fujitasensee en Kamakura, paralelo a un aprendizaje
en hornos tradicionales de leña con Saito-sensee y Ohara-sensee.
Bajo el manto de esta tradición tuvo la vivencia del oficio bajo unos estándares de calidad y excelencia propios de una cultura en la que a muy pocos se les llaman maestros.
Todavía recuerda cuando uno de ellos, hace 17 años, le dijo algo que solo con el tiempo vino a aprender: el reto al mirar una arcilla es ver qué se puede hacer con ella. Entonces no entendió pero hoy sabe que en ese 'saber mirar' el material se descubre cómo se puede utilizar mejor.
El respeto de Diana Fraser por la pieza y en especial por lo utilitario viene del sentimiento oriental que valora mucho los objetos que se usan a diario porque embellecen la vida.
Por eso cuando se sienta en su taller a desarrollar alguna de sus vajillas hechas de manera industrial o semiindustrial, o sus floreros, tazas y teteras; siempre trata de mantener despierto el espíritu del artesano, de manera que, aunque trabaje 'en serie' lo hace con conciencia y la taza 200 es como la número 1. Siempre piensa en el placer o bienestar que el objeto le producirá a quien se lo lleve.
Así que, con la filosofía de que uno solo debe rodearse de lo 'esencial y necesario' y que aquello que nos embellezca la vida es lo que hay que tener cerca, presentamos el resultado de sus compras.