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La nueva arquitectura de los colegios en Bogotá
Imágenes de la nueva arquitectura de los colegios en Bogotá
     
La educación pública 
en Bogotá tiene ahora un lugar privilegiado donde el mantenimiento de las instalaciones es primordial en los procesos de aprendizaje.
       
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Los recientes colegios distritales levantados en Bogotá establecen nuevas relaciones urbanas que reconocen en la escuela el germen de la construcción de una sociedad que se puede superar a sí misma.

Es admirable cómo se están cambiando las tapias altas y el alambre de púas que caracterizaba a algunos colegios bogotanos por un ambiente arquitectónico más amable, con espacios que permiten la generación de vínculos comunitarios, que plantean nuevas formas de educar y establecen nexos de relación con la comunidad.

En años anteriores muchas de las edificaciones escolares se levantaban de cualquier manera, en zonas no aptas, cercanas a las rondas de los ríos, en suelos sujetos a deslizamientos y en terrenos inadecuados y sin normas técnicas de acuerdo a su uso.

Desde hace una década este panorama empezó a cambiar y, hoy por hoy, se vislumbra más alentador gracias a los esfuerzos de varias administraciones distritales.

En 1998 la Secretaría de Educación del Distrito empezó por realizar un inventario del parque escolar y un análisis cualitativo y cuantitativo de cada uno de los colegios de la ciudad.

Luego se produjo el primer estudio por parte de la firma Álvaro Rivera Realpe & Asociados Ltda. llamado Estándares para construcciones escolares en Bogotá.

A partir de la administración de Enrique Peñalosa se desarrollaron los primeros 21 colegios diseñados de acuerdo con la nueva normatividad.

Antanas Mockus le dio continuidad a esta política, y el ex alcalde Luis Eduardo Garzón definitivamente le dio un gran empujón a la recuperación de la infraestructura educativa de Bogotá con el reforzamiento y mejoramiento integral de 178 colegios, la construcción por reposición de 67 y la ejecución de 40
nuevos establecimientos escolares.

Estos nuevos colegios han sido el producto de un concurso arquitectónico público de méritos, desarrollado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos para considerar propuestas sobre sistemas de diseño arquitectónico, adaptables a distintos lotes.

El primer premio se lo llevó la firma Álvaro Rivera Realpe & Asociados Ltda., le siguió el Consorcio Arquitectura y Educación Urbana, Javier Vera Arquitectos, Motta y Rodríguez, y Giancarlo Mazzanti Arquitectos.

Como lo señala Carlos A. Benavides, Jefe del área de Planeación y Diseño de la Secretaría de Educación Distrital y autor del libro, Hábitat escolar más allá de la infraestructura educativa, producir
colegios distritales en estas condiciones es empezar a poner la educación pública de los niños bogotanos en un lugar de privilegio.

Las cifras hablan con claridad de esta nueva postura frente al tema, que esperamos que continúe bajo la nueva alcaldía. En la pasada administración se invirtió 1 billón de pesos en infraestructura educativa.

Ahora lo que falta es seguir trabajando para cubrir la demanda en su totalidad y, sobre todo, realizar una tarea sistemática y constante en lo que se refiere al mantenimiento de las instalaciones, pues la naturaleza del uso
y el volumen de niños que se atienden a diario en las tareas educativas, en el suministro de una comida caliente y la provisión de espacio digno de reunión para la comunidad, demanda una labor de cuidado y preservación de estas obras para que se mantengan y presten sus servicios por muchos años.

Colegio Carlo Federici, todo parte de una calle
La firma Álvaro Rivera Realpe y Asociados Ltda. fue la ganadora del Primer Premio del concurso convocado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos por lo cual le fueron adjudicados 11 colegios en Bogotá.

También hay que señalar que en la administración Peñalosa fueron escogidos por méritos para desarrollar un par de ellos y que en la de Mockus proyectaron otro.

Alberto Ayerbe encabeza el grupo de diseño del que hacen parte los arquitectos Rubén Ávila, Iván J. Pérez, Wilson Moreno y José Manuel Latorre. Algunos elementos que reflejan su programa
son: el desarrollar un sistema compacto proyectado generalmente en tres pisos para dejar libre la mayor área posible del lote.

Siempre se cuenta con una especie de 'calle interna', de 'alameda académica' en la que se pueden desarrollar distintas actividades,
desde el recreo hasta ferias de la ciencia y exposiciones.

Se planteó dejar en el primer piso las áreas comunes más concurridas, en el segundo las aulas de primaria y en el tercero
las de bachillerato, mientras que preescolar se ubica en el primer piso en un espacio independiente con un acceso igualmente exclusivo.

La exigencia era dejar al menos el 70 por ciento del lote libre para generar espacios urbanos y áreas recreativas para uso de los niños y de la comunidad en general.

En el caso del colegio Carlo Federici se contó con un lote de apenas 7.244 metros cuadrados en el que se desarrolló un colegio con capacidad para 1.220 estudiantes con 6.875 metros cuadrados de construcción.

La idea era crear dos frentes bien definidos, uno de uso exclusivo del colegio y otro aprovechable por parte de la comunidad. Así pues, en el nivel más accesible al público se situó el Aula Múltiple, el comedor, la biblioteca y el Centro Integrado de Recursos Educativos (CIRE).

Para el equipo de arquitectos era muy importante la implantación urbana del colegio y de qué forma ésta generaba un diálogo interesante con la ciudad, localizando los edificios sobre el paramento urbano del lote para así generar fachadas sin cerramientos. En cuanto a los acabados, se utilizó concreto, ladrillo y aluminio.

María Mercedes Carranza, vivencia de la luz
Ubicado en Ciudad Bolívar y con una capacidad para 1.810 alumnos, este colegio desarrollado en un lote de 14.445 metros cuadrados y con un área construida de 10.634 metros cuadrados corresponde al diseño del Consorcio Arquitectura y Educación Urbana integrado por los arquitectos Leonardo Álvarez Yépez, Diego Suárez Betancourt y Sergio Trujillo Jaramillo.

Este pool de arquitectos se hizo la siguiente pregunta, ¿cómo delimitar el perímetro del colegio a partir de su programa arquitectónico?

Aquí, en lugar de muros, el límite es el borde urbano y éste es el que da los paramentos. También se utilizaron elementos divisorios como un espejo de agua.

Los espacios diseñados para el aprovechamiento de la comunidad son los más cercanos a la calle, mientras que las aulas se alejan de ésta.

El esquema constructivo parte del diálogo de tres elementos: el conjunto de aulas, la unidad de apoyos administrativos y el salón
múltiple, los cuales se ven articulados por mecanismos y espacios abiertos de distinta índole.

Así es como se intercalan volúmenes llenos como las aulas, con aquellos vacíos como los patios. Este es un esquema de colegio explayado en el que se dan conjuntos de piezas en distintas alturas que son las que generan los espacios.

Se destacan sus puntos de encuentro al aire libre como los patios y terrazas, vistas estas como una prolongación de los salones. En el caso de lotes pequeños, se aprovechan las cubiertas como canchas deportivas. 

Gabriel Betancourt Mejía, encuentros educativos
Ubicado en el sector de Kennedy, el colegio Gabriel Betancourt Mejía, que cuenta con 5.550 metros cuadrados de área construida en un lote de 1 4.732 metros cuadrados.

Fue diseñado por la Universidad Nacional de Colombia con el arquitecto Pedro Juan Jaramillo a la cabeza de un equipo compuesto por Germán Obdulio Moreno, Sergio Michel Segura y Jaime Andrés Gómez.

La pregunta que determinó el trabajo en este equipo fue la siguiente: ¿un colegio público es un espacio público o debe responder a la tipología tradicional de un colegio?

Para ellos los colegios son lugares públicos que se deben a la comunidad. El acceso se determina por una plazoleta y el patio de banderas.

En un lote longitudinal, el diseño se desarrolló a partir de una calle interior que busca unir los dos puntos de acceso a la institución.

Para Pedro Juan Jaramillo 'el aula no es el sitio donde se educa una persona sino una excusa', por eso también se prestó mucha atención al diseño de balcones y sitios de encuentro, dándole mucha importancia a los que se generan a través de esta 'calle virtual', que se desarrolló a partir de decks, bancas de concreto y pequeños jardines que hacen más amables los ratos libres de los niños mientras están en el colegio.

Carlos Pizarro Leongómez, armonía entre aulas y patios
La firma Motta y Rodríguez Asociados Ltda. desarrolló el colegio Carlos Pizarro Leongómez, en Bosa, con capacidad para 1.810
niños, en un lote de 15.155 metros cuadrados con un área construida de 8.669 metros cuadrados.

Su diseño parte de un sistema de distribución en planta con base en barras y columnas, de manera que la variación entre el número de barras (de dos a cuatro) y la longitud de estas pueda generar el ajuste a las diferentes proporciones de lotes disponibles.

Se combinan áreas construidas y espacios abiertos en los que se desarrollaron jardines, lo que garantiza la iluminación de los recintos y la flexibilidad del proceso pedagógico que puede extenderse al patio.

Los sistemas de circulación se estructuran a través de un hall integrador y circulaciones secundarias paralelas que permiten el acceso a las aulas. También se cuenta con una circulación perimetral.

Los materiales y acabados constructivos resultan de la construcción misma, de la mampostería estructural, de los muros de ladrillo y de los remates en concreto.

En cuanto a sus cubiertas son estructuras metálicas ligeras que se sobreponen a la construcción. Hay que señalar la franca división que se da entre las áreas más públicas para uso de la comunidad y las de uso exclusivo de los niños.

En el diseño acompañaron a Daniel Motta y Fernando Rodríguez los arquitectos Catalina Facundo, Catalina Segura, Luisa Fernanda Suárez y Andrés Rodríguez.

Colegio Gerardo Molina, una cadena de posibilidades
La firma Giancarlo Mazzanti & Arquitectos Ltda. encabezada por Giancarlo Mazzanti y en colaboración con Andrés Sarmiento, Juan Manuel Gil, Fredy Pantoja, Gina Amado, Carlos Melo y Camilo Mora desarrolló otro de los sistemas premiados que se ve expresado en el Colegio Gerardo Molina de Suba, en el que se pone de manifiesto, como lo señala Mazzanti, una filosofía pedagógica representada en una arquitectura definida en función de su actividad, más que en consideraciones o requerimientos de su estructura.

"El diseño se ha centrado en proyectar una metodología, es decir, imaginar condiciones espaciales y sus correspondientes efectos que hagan entrar en movimiento un sistema de valores que haga posible un espacio abierto para construcción y formación de alumnos".

Se parte de piezas modulares o volúmenes rotados que se agrupan en cadena y que gracias a su flexibilidad tienen la bondad de replegarse para la construcción de espacios centrales o patios; girar en torno a árboles o estanques; alargarse para definir bordes; girar para unir lotes en L o S; enrollarse para la construcción de recorridos centrales; y unirse, alejarse y escalonarse para adaptarse a terrenos inclinados.

Las aulas contenidas en estos módulos sueltos se conectan a través de patios cubiertos protegidos por celosías en madera de teca que enriquecen con su textura el proyecto.

El uso de las cubiertas le ofrece a la comunidad cercana al colegio auditorios al aire libre.

Esta propuesta arquitectónica de edificios bajos se caracteriza por la riqueza de sus materiales: concreto, vinilo en rollo de diferentes colores en los pisos, adoquines en las áreas exteriores, laja como enchape de las aulas del segundo piso y vidrios laminados en color en las zonas pedagógicas.

Gracias a la flexibilidad del programa el resultado son espacios ricos e inesperados que se dejan descubrir a través de los recorridos.

 
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