Adjudicado por concurso en el año 2003, el proyecto del colegio respondió a la iniciativa de quince pedagogas, propietarias de nueve preescolares en Medellín, quienes se unieron para formar el colegio y extender en el tiempo la motivación de los niños que salían de sus planteles.
Para ello el diseño debía convertirse en un aliado que ofreciera en su planta física unas pautas acordes con la pedagogía del colegio.
¿Nuestro sistema de aprendizaje es motivar no obligar, es acompañar en la formación sin decir no, ayudando a los estudiantes a hacer la mejor elección¿, comenta Clara Barrera, directora ejecutiva de Evolucionar S.A., entidad proveedora de servicios del colegio y accionista del proyecto.
En este sentido el proceso pedagógico se hace de adentro hacia afuera, con base en la motivación y el crecimiento interior de los niños. ¿El diseño tenía que ser acorde con esto, no podía ser una camisa de fuerza. Al contrario. Debía permitir puntos de vista diferentes, hasta llegar a un acuerdo¿, concluye Barrera.
Lo cual se logró con PlanB Arquitectos. ¿El proyecto va de la mano de la filosofía educativa del colegio. El diseño es abierto y con un estrecho contacto con la naturaleza, no acomodándose a ella, sino como parte de ella¿, agrega Felipe Mesa, arquitecto de la obra.
Una elección certera La escogencia de PlanB Arquitectos para el diseño del colegio no pudo ser más acertada.
Tras cinco años de trabajo en equipo y ambos con estudios en Barcelona, Felipe Mesa y Alejandro Bernal han tomado una posición y han creado un pensamiento que contempla una arquitectura de conceptos más livianos, más allá de lo suntuario y lo simbólico, mucho más utilitaria, tratando de transformar la vida cotidiana, logrando acuerdos entre lo que comparten y lo que no comparten.
En este sentido el objetivo de PlanB es participar de ciertos intereses globales de la sociedad contemporánea y así enriquecerse con otras disciplinas como la biología, la filosofía o la sociología para el desarrollo del trabajo arquitectónico.
Para estos dos jóvenes arquitectos, autores del Orquideorama de Medellín, la idea es alejarse de los estilos y hacer una arquitectura a partir de las necesidades del momento. ¿No es que haya un afán reduccionista. Al contrario, la idea es sumarles complejidad a los proyectos para hacer una arquitectura viable, donde la belleza se convierta en una necesidad social¿, comenta Mesa.
Se trata de lograr una riqueza conceptual con pocos recursos, algo que estos dos jóvenes lograron exitosamente en el colegio Hontanares.
Sacando el mejor provecho
Ubicado en las afueras de la capital antioqueña, en el municipio de El Retiro, el proyecto del colegio Hontanares presentaba dificultades desde su topografía.
El gran reto era poner a favor estas difíciles condiciones y desarrollar la construcción a partir de ellas. Se identificaron seis elementos de la topografía sobre los cuales se diseñaron y se empezaron a construir los diferentes ámbitos de la institución.
En la meseta central se reservó una zona abierta para eventos compartidos. La ladera occidental, algo inclinada y contenida por un bosque nativo recoge los talleres y las aulas de los estudiantes más pequeños.
La ladera oriental es una zona inclinada proyectada para las aulas y talleres de los adolescentes. Por otro lado hay una ladera para cultivos frutales, una microcuenca hidrográfica de reserva ambiental y una hondonada de baja pendiente en donde se ubicarán las zonas deportivas.
Una vez determinados los accidentes de la topografía, el paso siguiente fue trazar un único nivel longitudinal, inspirado en los terraplenes taironas o los bancales chinos, que atraviesa el terreno con suaves declives en algunos tramos, todo para facilitar la circulación de los niños.
Este desarrollo a lo largo de la complejidad del paisaje acompaña el crecimiento de los pequeños, de tal manera que cada estudiante en su proceso educativo habrá pasado un momento de su vida escolar en cada uno de los lugares mencionados.
En armonía con el paisaje y acorde con el diseño aparece inmersa una rampa cubierta en losa de hormigón delgada, un elemento esencial que desciende sutilmente a través de la montaña y recorre el plantel, dejando ver la tierra a lo largo del camino.
Juego con la naturaleza En línea con el concepto de integrar el colegio con la naturaleza, los arquitectos propusieron acciones sencillas que reflejaran este principio vector.
Se escogieron materiales acordes con el entorno, en este caso concretos pigmentados en tonos café, salmón y amarillo, baldosa de cemento liso amarilla, vidrio transparente verde.
Se configuró un patio para cada salón vinculado al interior a través de un interesante juego de luz y color; se definieron un pasillo de recreo y observación, terrazas deportivas, jardines, cultivos frutales e incluso se incluyó el diseño de figuras de animales nativos.
¿La idea era hacer mucho con muy poquito. Tener una actitud creativa que nos permitiera, con el mínimo, dar un giro novedoso¿, aclara Felipe Mesa.
Hasta ahora se han construido dieciséis aulas, en un diseño horizontal limpio y austero, los baños, el salón de profesores, el restaurante, una cancha en arenilla y la placa inicial del polideportivo.
La meta para 2008 es desarrollar la zona administrativa y generar otro bloque de aulas. ¿El objetivo de Evolucionar S.A. es concluir el proyecto del colegio Hontanares y apoyar en el futuro otros proyectos educativos¿, concluye Clara Barrera.