Como la mayoría del mobiliario moderno, el sofá tiene sus raíces en la Antigüedad.
Algunos lo remiten al ¿trono¿ de los gobernantes árabes, otros al triclinum griego, una serie de tres divanes dispuestos alrededor de una mesa en donde se recostaban exclusivamente los hombres para comer y conversar.
El ancestro del sofá como lo conocemos hoy nos lleva a la historia de Francia en el siglo XII, durante el reinado de Luis XIII, cuando aparecieron los primeros sillones con brazos y relleno en el asiento, lo que los hacía muy cómodos para la conversación.
Si nos referimos a su diseño, era muy simple: una estructura en madera con revestimientos en cuero repujado, eso sí con telas y tapicerías muy lujosas.
Este modelo sufriría algunos pequeños cambios que darían paso al estilo Luis XIV: estructuras más rígidas pero con brazos másretirados y patas moldeadas.
El espaldar curvo imitando la forma de la espalda solo aparecería en los sofás Luis XV, ganando en comodidad y elegancia. Estos modelos se caracterizaron, además, por un diseño más ligero.
En este orden de ideas vendría después el estilo Luis XVI, con espaldares rectos más simples, pero con una ornamentación que superaba a los anteriores.
Aparecerían más tarde los modelos del período del Directorio y del Imperio inspirados en el arte romano y egipcio. El verdadero auge de los sofás se daría durante la Restauración, con un diseño en maderas claras ornamentadas y la fabricación en volumen.
La llegada de la industrialización y de nuevas técnicas de producción a mediados del siglo XIX transformaría definitivamente el concepto de la producción de muebles.
La fabricación artesanal daría paso a la producción en serie de objetos que, además de ser estéticos, debían ser ante todo funcionales. Los albores del siglo XX en cuanto a diseño de sofás estarían guiados por el Art Nouveau o por el Modernismo, evocando formas ondulantes, tendencias orgánicas y otras características que rompían completamente con el pasado.
Las décadas del veinte y del treinta estarían marcadas por la influencia del Art Déco definido por líneas más limpias y sobrias.
Si bien con la Segunda Guerra Mundial se detendría el desarrollo de los muebles, éste retomaría impulso de la mano de nuevas técnicas y procesos para producir el aluminio y ensamblar la madera, así como de la aparición de los plásticos y los acolchados de espuma a mediados de los años cincuenta.
De la creatividad de los diseñadores de aquellos años nos quedan extraordinarios modelos como el divertido Mashmallow sofa de 1956, diseñado por Irving Harper y George Nelson, y reintroducido por Herman Miller en 1999, o el sofá Eames, la última pieza de mobiliario fabricada por ¿The Eames Office¿ y producida por Herman Miller desde 1984.
El sofá sin duda está vinculado a varios aspectos de nuestro diario vivir: descanso, entretenimiento, relaciones sociales. Y esto es lo que lo convierte en uno de los objetos del diseño y la decoración más versátiles de esta época que refleja nuestra forma de ver la vida. Por ello su carácter debe ser ante todo práctico y funcional.
De dos o tres puestos, para dormir, ver televisión o conversar, el sofá debe responder a nuestras necesidades y expectativas. El sofá contemporáneo se arriesga en formas, materiales y tecnologías.
Recto, en forma de L, modular o convertible, con espaldar reclinable, revestimientos en tela, cuero o microfibras, o tapicerías desenfundables, el sofá se perfila como el gran protagonista de la vida privada, donde la ergonomía es el gran concepto a tener en cuenta al saber que pasaremos muchas horas de ocio y descanso en él.