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Problemáticas sociales convertidas en arquitectura
Imágenes de lo mejor de la arquitectura chilena
     
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y los atractivos, hacen más encantador este complejo.
       
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Un hotel en la Patagonia y un edificio universitario ilustran las búsquedas estéticas de una nueva generación de arquitectos en el Cono Sur.

Para presentar a los gestores de estos dos proyectos, Sebastián Irarrazaval, del Hotel Índigo Patagonia y Alejandro Aravena, de Torres Siamesas, hemos invitado a David Basulto, uno de los creadores de www.plataformaarquitectura.cl, hoy por hoy el blog de arquitectura en español más leído del mundo, que señala entre sus logros la difusión de la arquitectura chilena en el exterior.

El blog se inició en febrero de 2006 y dado su éxito sus promotores ya incursionan en la versión en inglés www.archdaily.com.

Por un nuevo rumbo, por David Basulto Como bien reflexionaba Arjen Oosterman en su artículo ¿Una profesión aparte¿ en la revista Volume #14 ¿Arquitectura No Solicitada¿, los arquitectos jugaron un rol clave en la posguerra, dando respuesta a las nuevas problemáticas sociales desde la arquitectura.

Pero frente a los drásticos cambios de la sociedad a fines del siglo pasado, la arquitectura pareció estancarse, quedando los arquitectos enfrascados en su propio mundo, dejando de lado la oportunidad de poner nuestros conocimientos al servicio de las necesidades de la sociedad.

Pero hoy en día los arquitectos parecen estar reclamando este lugar de vuelta, dando respuestas a las inquietudes de la sociedad contemporánea desde la arquitectura.

Cuando a Rem Koolhaas le encargan una ciudad modelo de capital europea y responde con una nueva bandera para la Comunidad Europea a modo de dar una imagen de unión, mucho más necesaria que una ciudad utópica, tenemos un claro ejemplo de que los arquitectos están dando respuestas desde su ámbito a estas problemáticas, expandiendo su campo de acción.

En Chile, un grupo de arquitectos ¿mucho mayor que este par¿ está llevando su práctica a nuevos campos, ya sea dando respuestas a los problemas sociales, nuevas interpretaciones desde el arte o enfrentando programas a nivel global.

Sebastián Irarrazaval, aparte de una práctica profesional que ha resultado en casas y edificios resueltos minuciosamente, ha complementado el ejercicio de la profesión con la enseñanza en un tránsito desde la academia con un claro reflejo en su obra construida, como bien ha argumentado en sus comentarios en nuestro blog.

Pero esta carga también ha decantado en sus propuestas para concursos como el nuevo edificio de la Escuela de Diseño de la PUC (primer lugar), el Museo de la Memoria (segundo lugar), el Kunsthaus de Zürich (actualmente uno de los finalistas), el concurso Living Steel (finalista), entre otras, donde claramente se nota una trasgresión de la forma hacia nuevos horizontes, tal como pasa al interior del taller que dirige, pero con el nivel de resolución propio de un arquitecto experimentado.

En el caso de Alejandro Aravena, su trabajo es claro ejemplo de cómo dar una respuesta a los problemas sociales desde la arquitectura.

Esta preocupación se ve reflejada en Elemental, un DO-Tank que tiene su foco en el diseño e implementación de proyectos urbanos de interés social e impacto público.

A partir de un concurso internacional de ideas para vivienda social y la Quinta Monroy en Iquique (publicada en Plataforma) ha logrado influir en las políticas públicas de vivienda, dando un salto de lo cuantitativo a lo cualitativo.

Además, ve la ciudad como una oportunidad para la equidad social, lo que lo ha llevado junto a Elemental a poner temas como conectividad, equipamiento e infraestructura dentro del debate público, respondiéndolos desde la arquitectura.

Hotel Índigo Patagonia
El hotel Índigo Patagonia está situado a un costado del pasaje marítimo de Puerto Natales, en el seno de Última Esperanza, entrada al Parque Nacional Torres del Paine.

Tiene seis niveles, cuenta con 29 habitaciones y un spa en el último piso. El proyecto se organiza alrededor de tres ideas.

La primera, el deseo de descubrir el edificio como lo haría un viajero que reconoce un lugar, no de una vez, sino de forma pausada.

La segunda, dar un cierto aire provincial y carente de ruido; y la tercera, diferenciar radicalmente el carácter íntimo de los dormitorios en relación a espacios colectivos más monumentales.

El arquitecto Sebastián Irarrazaval y sus colaboradores en este proyecto, los arquitectos Ximena García Huidobro, Francisco Ibáñez y Patricio Poblete, propusieron una circulación interior que va del nivel de la calle al último piso evolucionando desde una suave rampa a un sistema de escaleras y desde corredores a puentes de forma tal que los movimientos horizontales y verticales devienen en una pausada coreografía por el interior del edificio.

Con el ánimo de reflejar ciertas características del contexto en la expresión externa del edificio, se recurrió a materiales existentes en el pueblo como madera y plancha de hierro corrugado; se decidió generar un volumen simple que ocupa el total del sitio con un ritmo sistemático de ventanas.

Y con el fin de acentuar la intimidad de los dormitorios, se generó en cada habitación un estrato de madera donde quedan incorporadas las superficies habitables como camas, lavamanos, cubiertas y ventanas.

Por contraste, los espacios comunes son principalmente espacios verticales donde una gran celosía de varas de eucaliptos recorre la altura total del edificio.

Su restaurante y el Lounge Índigo Patagonia se ubican al lado del hotel en una vieja casa patagónica.

Torres Siamesas
Dentro del marco del campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile en Santiago, Chile, el arquitecto Alejandro Aravena, Charles Murray, Alfonso Montero y Ricardo Torrejón recibieron el encargo de desarrollar un nuevo edificio de vidrio que albergara todo lo que tenía que ver con los computadores de la universidad.

Esto los llevó a varios interrogantes planteados por la misma universidad. Decía el cliente, "Ahora que tenemos computadores ¿va a cambiar sustancialmente la manera de enseñar y por tanto las tipologías arquitectónicas que usamos para espacios educativos? ¿Tiene sentido hablar todavía de ¿salas¿ ahora que estamos ubícuamente conectados?" La respuesta de los arquitectos fue al mismo tiempo sí y no... .

Para los arquitectos sí cambia porque el paradigma del buen lugar de estudio y de trabajo les pareció que se había invertido. Si hasta ahora ese buen lugar era visto como un lugar bien iluminado, ahora que hay computadores, de lo que se trata es de construir una buena penumbra que elimine el molesto reflejo sobre las pantallas.

La luz no debe llegar a los escritorios, porque sale desde ellos. Este hecho los llevó a explorar una arquitectura relativamente hermética, con perforaciones muy controladas hacia el exterior.

Por ello enterraron la placa de la torre (lo que les permitió usarlas por arriba públicamente) y por eso mismo redujeron las aberturas de la torre a su mínima expresión.

Como compartían el hecho de que la más arcaica y efectiva manera de transmitir conocimiento de una generación a otra es mediante buenas conversaciones entre personas (ya sea entre maestro y discípulo o entre estudiantes) a la sombra de un buen árbol, o tomándose un buen café o encontrándose al paso en un amplio corredor, consideraron que la placa de la torre podía asumir la forma de planos inclinados de madera en los cuales echarse entre horas de clases, a tomar el sol o la sombra de la propia torre o del parque según fuese la época del año.

El espacio de nueve alturas entre la torre de cemento y la de vidrio lo concibieron como la magnificación de la conversación de pasillo.

El segundo problema consistía en que desarrollar una torre de vidrio en Santiago implicaba hacerse cargo del efecto invernadero, lo que resolvieron desarrollando varias pieles en que cada una fuese buena para una cosa a la vez.

De esta forma proyectaron una piel exterior de vidrio corriente, muy mala para el control energético, pero excelente para resistir el polvo, la lluvia y el envejecimiento.

Más adentro proyectaron un edificio de fibrocemento, muy malo para resistir la intemperie, pero muy bueno desde el punto de vista térmico.

Entre ambos: aire. Todo lo que había que hacer era evitar que el fecto invernadero que se genera detrás del primer edificio de vidrio llegase al segundo edificio de fibrocemento.

Para ello dejaron que el espacio entre los dos edificios se comportase como una chimenea perimetral que por medio de convección dejase salir el aire caliente por arriba.

Por último, para lograr la torre deseada, dividieron el edificio en dos a partir del séptimo piso. Cada una de las partes resultantes fue construida usando perfiles de aluminio de distinto color, los cuales prácticamente carecían de espesor.

Buscaban que frontalmente el edificio se leyese como un único volumen bicéfalo, pero que en escorzo, dada la diferencia cromática de los perfiles, se pudiese leer como dos torres, cada una de ellas efectivamente verticales, las cuales comparten gran parte de su cuerpo, como si se tratara de estructuras siamesas.

 
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