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DISE�O PERSONAL
El restaurante El Salto del �ngel en Bogot�

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Im�genes del lugar
Una vista desde el interior. 
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Velocidad:

Concebido como una unidad llena de m�dulos que se pueden abrir o cerrar, dejando fluir el espacio, este restaurante, en el marco del Parque de la 93 tambi�n es un lugar de rumba con capacidad para dos mil personas.

Se trata de  San �ngel, el tradicional restaurante y sitio de rumba que acaba de estrenar nueva sede con m�s espacio y m�s caracterizaciones. Su arquitecto, Luis Restrepo, dise�� el lugar como �una unidad con ambientes independientes, construida con materiales que dicen mucho de la ciudad�.

Cualquiera que venga a comer, charlar o rumbear tiene la opci�n de elegir si se ubica en la terraza con vista al parque, en otra tipo lounge con sof�s, cojines, tapetes en medio de un jard�n interior, frente a las diversas barras del lugar, una de ellas con columpios que han reemplazado los tradicionales asientos� Las posibilidades abundan y el espacio tambi�n. El sitio est� dise�ado para recibir a 2.000 personas.

De abajo hacia arriba
Elevado varios metros sobre el piso, est� el sal�n central que sirve de comedor convencional, con mesas y sillas de madera, sin m�s decoraci�n que manteles de cuadros rojos y blancos, saleros de cer�mica pintados a mano, grandes l�mparas cil�ndricas de metal, dise�adas por el arquitecto Guillermo Arias, y ladrillo a la vista.

Escaleras arriba, y despu�s de un nivel intermedio, una gran barra de licores coronada por una hilera de televisores remata, a un lado, con un estar de sof�s que parece ser una biblioteca o sala de juegos. Un toque original y divertido para un ambiente distinto, que permanece dormido a la hora del almuerzo y que solo empieza a despertar con la llegada de la tarde y la noche, cuando los visitantes se sientan a tomarse un trago, en sillas columpio que cuelgan del techo sostenidas por gruesas sogas y que le dan un aire juguet�n al tradicional ambiente de barra. M�s arriba a�n, otro espacio que sorprende: una terraza-bar, m�s �ntima y acogedora, que solo funciona los fines de semana.

De arriba a abajo
Caminando de vuelta, en mitad de uno de los niveles ubicados antes de bajar al sal�n-comedor, pasa casi desapercibido un peque�o cuarto lleno de tecnolog�a que podr�a ser el cerebro del lugar, pues desde all� se controlan tanto el sonido  como la iluminaci�n general.

A un lado de la barra principal bajan unas anchas escaleras que conducen a los ba�os, a donde se llega despu�s de cruzar un lavamanos com�n para hombres y mujeres, hecho de piedra y con grandes espejos. A lado y lado hay dos filas de peque�os cuartos con ba�os independientes e iluminaci�n dram�tica con peque�as l�mparas y piso de baldos�n.

De adentro hacia afuera
A partir de las 12 del d�a, El Salto del �ngel es restaurante. Por la tarde, las terrazas se vuelven caf�s y en la noche, las barras se transforman en bares. Las puertas se abren, las terrazas se integran, el ambiente se calienta y la iluminaci�n cambia. Es entonces cuando, como dice Luis Restrepo, �estar adentro es estar afuera�.

El tratamiento de la luz es el tema principal de este restaurante y sitio de rumba, como ocurre en la mayor�a de sus dise�os. No importa el momento del d�a, mientras los rayos del sol cambian de �ngulo e intensidad, la luz artificial permanece encendida, matizando los usos de cada uno de los ambientes del lugar y caracterizando cada uno de sus espacios.

De afuera hacia adentro
En El Salto del �ngel el espacio de atenci�n al p�blico se inicia en el segundo nivel, desde donde se aprecia una perspectiva diferente del parque de la 93, pero a la vez libera el lugar necesario para los equipos y servicios que garantizan el funcionamiento del lugar.

Abajo, una gran cocina, una despensa, un comedor de empleados, una oficina y pasajes internos con acceso a las barras principales, hacen que desde afuera los clientes no se percaten del laberinto que sostiene la operaci�n del establecimiento. Son 1�800 metros cuadrados construidos, que incluyen seis barras de servicio entre las que se encuentra una especializada en ostras y cebiches que solo funciona los fines de semana.

La m�sica depende de la hora; de d�a hace parte del fondo, pero de noche le da forma a la rumba. Muchas escaleras y niveles muestran el salto que se dio para aprovechar el sitio y la vista en una unidad arquitect�nica que permite que el espacio fluya de adentro hacia afuera y viceversa.

 
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