La forja y la magia de los cuatro elementos
Ricardo Cabrera le da la bienvenida a la Navidad con una corona. Su sello de forjador quedó en cada hoja y rama moldeadas sobre el yunque con ayuda del martillo. Fracciones de segundo transcurrieron entre golpe y golpe para lograr que el metal tomara la forma deseada mientras éste aún conservaba los 1400 grados centígrados de temperatura con los que había salido de la fragua.
La delicadeza de esta corona navideña contrasta con la fuerza implicada en el trabajo de forja al que Ricardo se dedica desde hace diez años. Cuando se inició en el oficio, como un típico aprendiz de la Edad Media se detuvo en distintos talleres en España en los que en calidad de ayudante se dedicó a ilustrarse en este oficio milenario. Traía consigo su formación en Artes Plásticas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano y su trabajo de escultura con hierro y bronce. De su taller La Forja Galería salen no solamente objetos utilitarios, también piezas que le ponen su sello a obras de arquitectura.
El espíritu implícito en su trabajo se resume en las siguientes palabras: ¿Si logras la excelencia en el oficio y además dejas algo de tu espíritu en el objeto, ya estás hablando de arte, no importa si el objeto es una herradura¿. En ciudades de Estados Unidos como Filadelfia ha participado en ferias, realizado demostraciones en vivo y trabajado en proyectos de restauración arquitectónica.
Arcilla a la oriental
De cerámica es este árbol de Navidad en el que las hojas naturales fueron reemplazadas por láminas cocidas y los adornos convencionales se transformaron en diminutos ángeles con los que la ceramista Diana Fraser quiso simbolizar la magia de la Navidad.
Se formó en Japón, donde vivió seis años y se acercó al oficio de la mano de maestros como Okada y Fujiita. Tuvo lo que se puede llamar un ¿aprendizaje budista¿ del oficio en el que ¿embellecer lo cotidiano¿ es fundamental ya que solo se cuenta con el día a día, por eso ellos convierten todo en un ritual.
De ahí que desde su regreso a Colombia se dedicara a sacar del horno vajillas, floreros, cuencos y otras piezas en las que se manifiesta su búsqueda de lo esencial. Cada vez que se sienta a trabajar recuerda a sus maestros orientales, que inducen al iniciado en el oficio a aprender mirando y a hacer la taza mil como si fuera la primera.
Carpintero filósofo
Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes, incursionó en el mundo de los libreros y abrió su propia librería, Sudeste, en la que lo hizo todo, hasta construir los estantes para los libros. Así empezó Ricardo Ocampo a sentir la madera.
Años después viajó a los Estados Unidos y allí llegó a sus manos el libro El Carpintero Impráctico de James Krenov y, gracias a él, se metió de cabeza en este universo. La valoración que hacía el autor del trabajo realizado manualmente en un mundo en el que casi todo se produce en serie y la posibilidad de tener al final de la jornada un objeto entre sus manos fabricado por él mismo terminaron por convencerlo de que su nueva profesión era la de carpintero.
Asistió a distintos talleres y en uno de ellos se encontró con las sillas Windsor del siglo XVIII hechas con madera verde, trabajadas doblando y tallando la madera, ensambladas sin utilizar ni un solo clavo con piezas unidas con métodos como el de caja y espiga en forma de cono y cola de milano, entre otras. Muchos de los muebles que desarrolla hoy día en Bogotá reviven aquellos métodos constructivos. En el torno también crea una serie de objetos utilitarios como saleros, azucareras y pimenteros. Para la Navidad-Habitar desarrolló soportes de madera para velas con los que propone iluminar su árbol. Sobresale la solidez de cada pieza, unida con cola de milano. En estos adornos ha quedado plasmado su interés por un lenguaje limpio en el que se destaca un manejo franco de la madera.
Vidrio resplandeciente
Pilar Estrada trae desde Ibagué la frescura y la luminosidad del vidrio a la celebración navideña con sus platos y briseros en los que se aprecia la aplicación de técnicas como fusión, que le permite deformar el vidrio mientras éste se encuentra a elevadas temperaturas y darle color a partir de pigmentos y óxidos.
La riqueza formal y expresiva de esta ingeniera química de la Universidad Bolivariana de Medellín se ha visto enriquecida y afianzada con sus catorce años de actividad, también con sus estudios en el Pilchuck Glass School en Seattle-Washington, Estados Unidos.
En su tierra han ido quedando expresiones de su trabajo en lugares como el Teatro Tolima, gracias al concurso que ganó para desarrollar algunos vitrales para el lugar. Igualmente en piezas decorativas en el Hotel Sofitel Ibagué Altamira y en otros de la misma cadena en Cartagena con el Hotel Sofitel Santa Clara, el Hotel Sofitel Victoria Regia en Bogotá y los Sofitel Madrid Plaza y Sofitel Madrid Aeropuerto en España.