La guadua hace parte de la tradición histórica, cultural y económica de la zona cafetera, en el departamento de Caldas. Por eso, si se le preguntara a Marcelo Villegas cuándo tuvo su primer contacto con aquella, él contestaría que ha estado ahí siempre, aunque desarrolló sus primeros objetos hace 40 años.
De niño, durante sus vacaciones en la finca cafetera y maderera de su abuelo, Pantaleón González, mientras su treintena de primos pasaba el rato en actividades propias de su edad, sus días transcurrían en la carpintería de la finca, viendo trabajar al maestro Wenceslao. A los 12 años recibió como regalo su primer banco de carpintería, del que aún no se despega. ¿Siempre recibo a mis amigos alrededor del banco, trabajando la madera, que tanto me atrae¿, dice.
No transcurrió mucho tiempo para que empezara a desarrollar todo tipo de objetos y muebles que respondían a las necesidades de sus primeros clientes, parientes y amigos, hasta la apertura de su propio taller. Reconociendo que por lo general sólo se utiliza el 20 por ciento del árbol, él decidió recolectar las partes que se desechaban, como sus raíces, para desarrollar piezas que definen su carácter orgánico.
Al referirse a su trabajo dice: ¿no empieza en una hoja de papel. Veo un palo bonito y eso me motiva. Me enfrento directamente al material. Con el tiempo he ido adquiriendo la capacidad de entenderlo y saber qué es lo que se puede hacer con él¿. De ahí que sus muebles y objetos se distingan precisamente por su carácter orgánico, ya que salen de las formas mismas de la naturaleza. ¿Cada pieza tiene su propia personalidad, son muebles divertidos, con mucho humor¿, dice Villegas.
Cuando hace catorce años participó en Bambusa Guadua, el primer libro que Villegas Editores publicó sobre el tema, el asunto era dar a conocer en Occidente este material que siempre hemos tenido cerca pero que hemos valorado poco, al punto de llamarlo la ¿madera de los pobres¿, como señala otro de sus grandes promotores, el arquitecto Simón Vélez.
Pero ya es mucho el camino recorrido. Se sabe que es un recurso sostenible de incalculable valor, al que caracteriza su rápido crecimiento. Los guaduales protegen el suelo contra la erosión, ayudan a regular el caudal hídrico y tienen la capacidad de convertir el CO2 en oxígeno, para mencionar algunos aspectos. Ni hablar de sus propiedades constructivas -ha sido llamada el acero vegetal- y de sus aportes a la arquitectura, como lo deja ver el registro de obras que trae el libro: clubes, casas de campo y trabajos de gran envergadura, como el Pabellón Zeri, hecho con guadua y diseñado por Simón Vélez para Expo-Hanover 2000, que se presentó junto a otras propuestas desarrolladas bajo el concepto de la armónica convivencia entre hombre-naturaleza y tecnología; un campo en el que las posibilidades de la guadua son infinitas.
Como dice Villegas, ¿tenemos que ponerle atención a lo nuestro y expresarnos con lo que tenemos... se está viviendo el boom de lo natural y del bambú y son muchos los beneficios que el uso de este material le puede traer a Colombia¿.
El premio al mejor diseño arquitectónico de la pasada Bienal Colombiana de Arquitectura, otorgado a Simón Hosie por la Casa del Pueblo y Biblioteca Pública de Guanacas, en la localidad de Inza, Cauca, muestra que las ideas que Marcelo Villegas empezó a cultivar trabajando palos en su banco de carpintería ya están dando sus frutos.