Diseñar una vivienda es para el arquitecto Carlos Campuzano un compromiso estimulante, ya que implica traducir el deseo del cliente en un espacio habitable, encargo en el que siempre está implícito un voto de confianza.
En esta ocasión el pedido era una casa conectada con la naturaleza, que supliera el siguiente programa: tres habitaciones, estudio, sala, comedor y área de servicios.
Previas exploraciones del arquitecto en torno al patio, como centro de la arquitectura mediterránea, lo llevaron a proponer como punto de partida un espejo de agua enmarcado por papiros, que funciona como eje organizador de los espacios, a la manera del impluvio: un espacio abierto al sol y a la lluvia que los romanos ubicaban a la entrada de sus casas, y que aquí se traduce en ¿una ventana al cielo en la mitad de la vivienda¿, en palabras del arquitecto.
Circundado por ventanales de piso a techo, el patio permite la entrada de luz a todas las horas del día, lo que hace que la casa cuente con una temperatura agradable. El movimiento constante del agua y la presencia de la vegetación lo convierten en un espectáculo digno de admirar, tanto en el día como en la noche.
En torno a este cubo perfecto se dispusieron la cocina, el comedor, el estudio, la sala y dos alcobas en la primera planta, que se mimetizan detrás de un plano de triplex de flormorado mallado.
La transparencia es quizá una de las características principales de la casa, pues desde la entrada se divisa la sala y desde allí, el comedor.
Los únicos puntos que gozan de total privacidad son las habitaciones y la cocina. Esa condición de transparencia también se hace notar en la segunda planta, ya que gracias a una circulación perimetral se puede observar desde arriba el patio central. Las cubiertas, trabajadas en pendiente, permiten una agradable vista sobre el horizonte, quitando el paisaje inmediato y cuidando la intimidad.
En este segundo nivel se encuentra la habitación principal, donde también se plantea el contacto con la naturaleza. Se dispone de un jacuzzi al aire libre y el baño de la pareja está en estrecha comunicación con la terraza.
El manejo franco de los materiales, como en este caso el ladrillo y el concreto a la vista en la fachada, la piedra pizarra y el granadillo en los pisos y el granito negro absoluto en la cocina, denotan el interés porque los materiales hablen por sí mismos y que su uso obedezca a una necesidad y no tanto al deseo de adornar la arquitectura.
Su gusto por las formas geométricas, que tanto ha explorado a lo largo de su carrera, en casas, conjuntos y edificios de vivienda, también se manifiesta en esta casa que parte del cuadrado.
Comulgar con el concepto de desarrollar una ¿arquitectura de lugar¿, teniendo en cuenta, en este caso, un momento histórico y social del contexto bogotano, lo llevaron a explorar materiales y técnicas constructivas propias.
Para Campuzano la casa es un lugar que ofrece una vivencia diferente del espacio, tanto en el día como en la noche. Eso sí, siempre en función del patio.
El arquitecto ha compartido su práctica profesional privada con la enseñanza en la Universidad de los Andes y desde hace seis años con la dirección del Taller Internacional de Cartagena, que plantea ¿vivencias¿ en campo, ya que tanto profesores colombianos y extranjeros, como estudiantes de distintos lugares del mundo, se dan cita para trabajar arquitectura contemporánea inmersa en el ambiente de la arquitectura colonial de la ciudad Heroica.
Los ¿credos¿ que Carlos Campuzano ha afianzado como arquitecto por espacio de 35 años son los que se manifiestan en esta casa. ¿La arquitectura no es solo imagen, y se debe ir diseñando de adentro hacia afuera¿, dice. Este principio denota su gran preocupación por la habitabilidad.