El abordar este tipo de proyectos, altamente técnicos, lo ha llevado a mirar los edificios desde el aspecto estructural hasta llegar, como lo dice el propio Müller, a los "esqueletos operativos".
Integrante del grupo Metapolis, junto con sus compañeros Vicente Guallart y Manuel Gausa, se ha ocupado por generar una reflexión de la arquitectura que vaya más allá de los edificios. También como Director de Desarrollo del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya, -IAAC- se ocupa de abordar el tema de la planeación territorial.
Para darle un giro al Mercado Central de la Flor, una gran venta de flores y complementos con 120 metros de largo por 80 de ancho, decidió generar un elemento que permitiera replantear la circulación en el lugar y, además, abrir espacio para un restaurante.
La solución para Willy Müller, desde su oficina WMA Willy Müller Arquitectos, fue desarrollar un puente en la mitad del pabellón, réplica del que había mandado levantar el Sha de Irán para su coronación en los años 70, y sobre este construir un restaurante.
El restaurante se proyectó como un contenedor de aluminio y vidrio, ligero a la vista. El techo es una membrana de vidrio opaca; el piso se hizo con trozos de botella, lo que da como resultado un "patchwork" refulgente; y para los cerramientos del lugar, se utilizaron paneles de vidrio laminado en distintos tonos de verde. La única pared sólida es la que le da respaldo a la cocina de este restaurante de 500 metros cuadrados.
El diseño tomó ocho meses y la construcción del puente y del restaurante 12 semanas, con algunas operaciones relámpago como la instalación de los pilares que sostienen el puente, durante un fin de semana.
La necesidad de resolver todos los aspectos estructurales del lugar, de garantizar el funcionamiento de un restaurante suspendido en la mitad de una galería y mantener la ligereza de la estructura que involucra las instalaciones eléctricas, llevó al arquitecto a concebir soluciones novedosas como la del aire acondicionado, que sale de múltiples agujeros y no de un solo punto. También hay que destacar la iluminación, sincronizada con el horario. Combina tonos cálidos durante el día con tonos fríos para la noche mediante circuitos fluorescentes en canaletas de aluminio que se incorporan a la estructura del puente.
El Jardín, como se llama el restaurante, quedó entre las doce obras finalistas del Premio Ciudad de Barcelona e hizo parte de los diseños seleccionados para concursar por el premio Mies Van der Rohe en 2001.