Cuando se cuenta con un paisaje como el que ofrece la represa de Tominé y sus alrededores al arquitecto siempre lo asalta una pregunta: ¿dónde pongo las ventanas? Precisamente porque situar adecuadamente esas aberturas puede ser todo lo que se necesite para disfrutar del paisaje desde el interior.
En esta casa de campo, de 220 metros cuadrados, la situación no fue diferente. Las arquitectas Angela Crane y Yumna Cure, de la firma Duna, se concentraron en desarrollar una casa que exaltara el paisaje desde todos los frentes. Partieron de un angosto rectángulo que se adaptó al terreno inclinado y a una necesidad, ¿todas las estancias deben disfrutar de agradables visuales y de luz natural¿.
El acceso se configuró a partir de un cubo de vidrio desde el que al llegar se vislumbra el paisaje, que después aparece en todo su esplendor a través de los ventanales de piso a techo dispuestos en la zona social. Dicho punto también sirve para conectar los dos volúmenes que contienen los espacios de la casa ¿tres habitaciones, tres baños, sala, comedor, cocina, área de servicios, patio y terraza¿.
También contribuye a aportarle al lugar ese aspecto moderno que la define. La casa es atravesada por un eje de circulación que remata en los extremos en ventanas que se convierten en ¿cuadros naturales¿. En la cocina, totalmente integrada a la zona social, una ventana horizontal define su diseño y otra ubicada en la parte alta permite disfrutar del bosque nativo.
El lenguaje contemporáneo de la casa tiene su sustento en las formas puras utilizadas en el desarrollo de su arquitectura y del diseño interior. Se evidencia, por ejemplo, como lo señala la arquitecta Angela Crane, en el ¿retomar ese elemento propio de la casa colonial como son las columnas e implantarlas con un aspecto muy limpio¿.
Con materiales como la madera, la piedra arenisca, la pizarra, el granito, el concreto, el cemento esmaltado y el hierro oxidado se logró proveer a esta casa de campo de unos ambientes que invitan al descanso y la relajación en medio de la naturaleza.
La piedra, como una segunda piel, recubre la entrada de la casa y la zona de servicios. Proviene de La Calera, al igual que la pizarra que se instaló en los pisos del acceso, los baños y la cocina.
La madera es otro de los materiales presentes en la casa. En la fachada, se dispone en forma de listones lo que se constituye en un elemento que aporta mucho diseño. Este manejo también se reproduce en las ventanas que hacen parte de las amplias vidrieras de las habitaciones.
El abarco en la estructura de cubierta y el tramado de los techos calienta el espacio. El recubrimiento de guaimaro en el piso delimitó la zona social y la llenó de luz. A estos materiales se le une el cemento esmaltado para desarrollar la chimenea y el hierro oxidado para conformar los nichos que generan una iluminación indirecta en el lugar. Los muros en pañete sin estucar también le dan un aire natural.
En todo el conjunto la cocina juega un papel fundamental. Abierta a la zona social, se encuentra delimitada por un mesón que presta el servicio de un mueble que permite disponer allí unos cuantos vinos. Tanto el punto de cocción como el lavaplatos se enriquecen con la vista hacia el exterior, gracias a una ventana horizontal, que va de lado a lado. Otro elemento que causó gran impacto allí fue la elección del color naranja en ciertos muebles.
Los mesones de trabajo en granito ubatuba siguen dándole al lugar ese aire natural que deviene de la elección de los materiales.