Para su arquitecto Daniel Bonilla, asumir el encargo que le hizo la Universidad de los Andes le representó desarrollar un proyecto con un programa mixto que debía albergar las oficinas de la Facultad de Administración, 11 salones de posgrado, 2 salones del MBA, biblioteca especializada, galería de exposiciones, aula magistral para 135 personas, salón de conferencias, restaurante y 409 cupos de estacionamiento.
El proyecto que se desarrolló en un lote de 3.600 metros cuadrados cuenta con un área total de 24.000m2. y una inversión aproximada de 36.000.000.000 de pesos.
Allí se destaca el trabajo del arquitecto ante cada uno de los espacios que componen el proyecto, sobre todo para responder con una factura de altísimo nivel tanto en los seis pisos de estacionamientos con los cuales comienza el edificio, hasta llegar al nivel 10 donde este remata en una terraza-jardín.
Su área de estacionamiento se concibió en dobles crujías hacia las fachadas oriental y occidental, las cuales se relacionan verticalmente mediante una rampa central de doble sentido.
La operación vehicular se plantea como un sistema de movilidad sin cruces donde los automóviles ingresan por la calle 22 y la salida se realiza por la calle 21.
Como agrega el arquitecto, este sistema está diseñado de tal forma que el ingreso y salida de vehículos se pueda invertir en caso de que en el futuro se llegaran a alterar los sentidos de las vías.
En cuanto a la concepción espacial del proyecto, surge de un volumen prismático compacto en el que se destaca su juego con las fachadas.
De cara al occidente y al oriente, se caracteriza por su lenguaje acristalado a partir de vidrios de matiz verdoso y persianas de aluminio donde intencionalmente no se diferencian con facilidad las áreas de salones y oficinas respecto a las de estacionamiento, esto debido al interés de que el edificio se no se ¿leyera¿ como un parqueadero.
Mientras tanto, la condición de pantallas estructurales de las facha das norte y sur se tradujo en un lenguaje de planos cerrados.
Estas superficies se perforaron con vanos circulares que propician la entrada de luz y, además, le ofrece a quien recorre el edificio de manera inesperada diferentes vistas de la ciudad.
Por contraste con las otras dos fachadas, estas se plantearon con un acabado oscuro a partir de paneles metálicos de aluminio compuesto de color café de 6mm de espesor, instalados sobre un sustrato de mampostería.
A este prisma se accede a través de una plazoleta. Ya en el interior del primer piso, el visitante se encuentra con un espacio que puede prestar múltiples servicios, como el de galería de arte o espacio de eventos.
Lo interesante es que el lugar se puede modular mediante paneles de 1.20 x 4.80 metros, que van sujetos al techo a través de postes de hierro.
Después de los seis primeros niveles de estacionamiento el visitante llega al séptimo piso donde las áreas de salones, oficinas, y demás servicios para los estudiantes se organizaron de manera perimetral alrededor de un patio central interno que garantiza la entrada de luz al edificio.
Desde allí se manifiesta el manejo interesante de los materiales y se observa cómo estos contribuyen a darle personalidad a esta sección del edificio y a delimitar sus espacios.
Para la muestra, el trabajo en madera que determina el área del patio en el que se dispusieron unos bambúes y varias bancas largas en teca.
Allí también se destacan los cubículos de estudio dispuestos dentro de un gran rectángulo recubierto de fórmica naranja que le aporta color al lugar.
Y si de texturas se habla, también están las de los muros en bloque de concreto abusardado ocre, gracias a su agregado de arena y cemento blanco, que combina con los pisos en piedra Royal Beta.
En los niveles 7 y 8 se encuentran los salones de posgrado que se
han diseñado alrededor de un podio donde se disponen todos los controles para que el profesor accione las ayudas tecnológicas con que se han dotado estos espacios.
Las aulas se agrupan alrededor de un patio que se cierra mediante una persiana en madera de teca tejida sobre una estructura metálica tubular que delimita los corredores y combina el paso de la luz y el aire con una sensación de intimidad.
Este elemento le aporta mucha calidez al espacio y aquí Bonilla le pone nombre y apellido a la obra, al crear ¿pieles¿ con los materiales para vestir el edificio y enriquecerlo con sus texturas, siguiendo la línea de diseño que caracteriza la mayoría de sus obras.
Ya en el nivel 9, se encuentran las oficinas de la Facultad de Administración y en el 10, la biblioteca, el restaurante y el salón de conferencias.
En esta última planta el edificio remata en una terraza-jardín que invita a disfrutar el lugar. Desde allí la vista a Monserrate puede ser sobrecogedora.
El edificio, como lo destaca el rector, lleva el nombre de Julio Mario Santo Domingo porque ¿la institución quería señalar y poner como ejemplo el gesto del empresario al donar la suma de 24.000 millones de pesos para implementar el programa ¿Quiero estudiar¿, mediante el cual se les costea todo su programa académico a jóvenes sin recursos que estén aceptados en alguno de los programas que ofrece la universidad¿.