Mientras que el cliente quería organizar un pasadizo para conducir las visitas guiadas a su fábrica, Michel Rojkind consiguió ¿vender¿ la idea de hacer un museo del chocolate, con todos los ingredientes de placer y deleite que se asocian con esta golosina que, precisamente, salió de México y se tomó el mundo entero.
Lo primero que se podría decir del proyecto es que es una arquitectura pensada para seducir a los niños.
Para sorprenderlos primero que todo con su color vivo y alegre, su forma, como el túnel de un parque de diversiones que serpentea sobre el terreno, y sus superficies y dobleces que evocan los pliegues de la envoltura de un chocolate cuando se abre, formando un camino que conduce al juego.
Y si el exterior sorprende, lo hará aún más su interior, porque allí se
revelan los secretos de una fábrica de chocolate.
Su estructura roja alargada de 634 metros cuadrados funciona como un punto de acceso a la vieja fábrica de Nestlé donde los visitantes encuentran la recepción con sofás en forma de tabletas de chocolate, y la entrada al auditorio.
A través de grandes cristales observan el proceso de elaboración industrial. Al final de todo el recorrido, se llega a la tienda.
Este Museo del Chocolate de Nestlé se localiza a las afueras de Ciudad de México, cerca de Toluca, paralelo a la autopista.
Es decir, en un entorno industrial bastante anodino y gris, por eso sorprende tanto la forma de este llamativo contenedor de metal y su concepto de diseño a partir de prismas faceteados.
Para sus gestores, el estudio del arquitecto mexicano Michel Rojkind, de quien publicamos en diciembre pasado su Boska Bar, el reto no solo fue plantear algo novedoso a nivel de diseño sino construirlo rápidamente: dos meses y medio, desde los esquemas iniciales hasta la entrega del edificio.
Para cumplir la meta fue convocado un grupo de trabajo que tuvo que ajustarse a turnos especiales para poder entregar la obra a tiempo.
En el diseño lo acompañaron Agustín Pereyra, Mauricio García-Noriega, Juan Carlos Vidals, Moritz Melchert, Paulina Goycoolea, Daniel Dusoswa y Matthew Lohden; Luis Araiza, Jesús González
y Agustín Villegas.
En los cálculos estructurales Moncad Ing. con Jorge Cadena.
En la iluminación Noriega Arquitectonics Iluminators con Ricardo Noriega y Fernando González.
Y en la arquitectura del paisaje, Ambiente arquitectos y asociados, con Fritz Sigg y Erick Flores.
El resultado también ha sido descrito como ¿un juguete a escala urbana¿, con una estructura que sorprende, como la de un túnel divertido que espera a los niños para llevarlos hasta sus entrañas donde se descubren los secretos de la fabricación del chocolate.
De su creador, Michel Rojkind, con 37 años y diez en la arquitectura, ya que antes había desarrollado una carrera como baterista, se puede afirmar que es reconocido por su postura vanguardista a la hora de diseñar edificios.
Sobre el oficio, dice estar en la búsqueda de respuestas distintas para cada proyecto y en querer llevar al extremo el desarrollo creativo de la forma y la función como temas esenciales de la arquitectura.