Son casi las 5 y 30 de la tarde. Un hombre joven abre la puerta y señala el camino hacia la entrada de la casa, a través del antejardín. Cinco minutos más tarde se perfila la figura de un hombre dulce a través del corredor. Viste pantalón de paño, zapatos relucientes, grandes gafas y una mirada erudita. Es el doctor José Félix Patiño.
El destino final es su biblioteca. Pero, como buen maestro y bibliófilo, invita a hacer un recorrido por su casa entera, para mostrar que los libros reposan en todas las habitaciones. Primero, en el corredor, su biblioteca clásica española completa, los libros de arte y la obra completa de García Márquez.
A mano derecha, en un cuarto auxiliar que solía ser el de una de sus hijas, los libros de música, una de sus grandes pasiones. También la Enciclopedia Británica y los clásicos de medicina y toda una colección de revistas médicas, primordiales para este prominente médico.
Su cuarto, por supuesto, es una pequeña biblioteca que se extiende por dos de sus muros. "Ahora que mi esposa no está, adecué aquí un lugar de trabajo", explica. Este espacio lo comparte con María Callas, uno de sus personajes favoritos, de quien tiene todas las biografías publicadas, incluyendo la que él mismo escribió de 'La Divina' y que va por la tercera edición, así como 220 grabaciones en CD.
En otro cuarto se encuentra el computador en donde ha sistematizado las obras de su biblioteca por código, tema y autor. Tres paredes con libros de piso a techo decoran este recinto. Historia natural, la expedición botánica, los recorridos de Humboldt, diccionarios de historia y libros de medicina e historia de la cirugía son los temas.
Bajando una angosta escalera se llega a una amplia habitación, el único lugar de la casa que no está repleto de libros. El lugar se abre a un gran jardín interior. El silencio es total, idóneo para sumergirse en la lectura. Solo se oye la voz del doctor Patiño, contando sobre sus libros de medicina antigua y algunos de sus tesoros: un libro de Cayo Plinio II, quien murió durante la erupción del Vesubio que destruyó a Pompeya y otro de Fray Bartolomé de las Casas que pertenecía al general Santander y tiene su firma.
Finalmente, se abre una puerta corrediza de madera y aparece otra sala un poco más grande que la anterior, con libros del piso al techo. Un total de 9.000 volúmenes de materias tan diversas como el tema universitario, la educación, la economía, la filosofía, la cosmología, las colecciones completas de las revistas Nueva Frontera, Guión, Flash y muchos libros sobre Grecia, Roma y Egipto. Pero esa no es su biblioteca completa, otros 3.000 libros están repartidos entre las bibliotecas de la Academia Nacional de Medicina y la de la Fundación Santafé.
Para conservar intacta su colección y protegerla de la humedad, este médico cirujano de la Universidad de Yale manda desmontar los estantes e impermeabilizar las paredes cada cinco años. Los fines de semana sale "a hacer mercado" y regresa con tres o cuatro obras nuevas. Lee todos los días hasta cinco horas. Entre todos sus tesoros literarios, sus tres favoritos son: La Iliada, de Homero, Cien años de soledad, de García Márquez y El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco. Patiño tiene también muchos libros electrónicos. Y aunque admite ser "computodependiente", siente que estos jamás igualarán la sensación de tener un libro entre las manos.
El recorrido por su casa dura una hora, la noche empieza a asomarse por los árboles que se ven al otro de los ventanales. Momento de irse, mientras el doctor Patiño se queda en su gran casa -en su gran biblioteca- con su mejor compañía. "Cuando uno tiene libros, nunca está solo", dice.